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martes, 23 de diciembre de 2014

Improvisación nostálgica

Musas, soltadme ya, y dejadme descansar allí, en su regazo antaño cálido, más
allá de ilusiones, monstruos y tormentos, fuera de los pensamientos, desentendimientos y otras sinrazones de los corazones sedientos.
Quiero perderme en los cimientos de la tierra y removerla hasta encontrarla, sin la quemazón de esta absenta que violenta mi talento y lo torna en llanto de pasión por mi condición, maldición, de amante que ha perdido el elixir, razón de su existencia, todo es ausencia, después de haberlo tocado con los labios, después de haberlo saboreado. Dulce miel... 
Absenta, otra absenta que me quema y me consume, pero ya da igual, ay, Anabellah, fría y mortal, pálida sombra que se difumina en el tiempo, en el espacio... 
Musas, dejadme partir y que este veneno me lleve hasta su lado raudo... Ya siento que me voy, ya siento que ella viene, Annabellah... Es el fin de la nostalgia. Es el fin de la amargura, es el fin...


Atardecer en Victoria Falls

lunes, 8 de diciembre de 2014

Sargón el Grande, o el verdadero Moisés.

Al hilo de la nueva versión de Moisés que nos ha presentado en el cine Ridley Scott, he decidido contaros un poco la verdadera historia.

Los judíos eran cananeos, como los fenicios, y los cananeos provenían hacia el 4000 a.c. de Arabia.
Estos pueblos eran seminómadas y se vieron obligados a buscar un lugar mejor donde vivir por alguna causa. Así, iniciaron una migración que les llevó a cruzar Mesopotamia para asentarse siglos después entre los actuales Líbano, Israel, Jordania y Siria.

De esta migración tenemos datos en varias culturas, pero me voy a centrar en La Biblia. Hay que recordar que Abraham provenía de Ur, una ciudad-estado de Mesopotamia, y que se fue de la ciudad en busca de otras tierras, pasando por la zona del Mar Muerto hasta llegar a Israel. Al margen de lo mitológico, por lo tanto, tiene una base real que la historia de Moisés nos demostrará a continuación, pero primero presentaremos al personaje histórico, que no tiene nada que ver con La Biblia.


Sargón de Acad, el Grande, está considerado como el primer unificador de Sumeria y Acadia, la mayor parte de Mesopotamia y su primer Emperador.
Habría nacido en la ciudad de Azupiranu, cerca de Kish, donde un profeta había augurado que algún recién nacido derrocaría al Rey, por lo que éste quiso matar a todos los recién nacidos. Para que Sargón no muriera fue arrojado por su madre al Eufrates en una cesta con la esperanza de que alguien lo salvara, y la cesta fue a parar a manos de una importante cortesana que se apiadó del niño y lo cuidó como suyo. Así llegaría a convertirse en copero del Rey.
En un sueño, Sargón, con la diosa Inanna de su parte, ahogaba al Rey de Kish (Ur-Zababa) en un río de sangre, pero siendo leal al Rey decidió contarle su sueño para buscar la forma de impedir que sucediera.
Sin embargo, el Rey se dio cuenta de que la profecía de antaño podría cumplirse en su persona e intentó matarle con ayuda del Rey de Uruk. Sargón escapó.
Aquí parece ser que hay dudas sobre cómo llegó a convertirse en Rey de Uruk. Bien pudo convencer al Rey para que le prestase a sus tropas, pues sabía como tomar la ciudad de Kish o bien lo hizo por la fuerza. El caso es que con ayuda de una nueva arma, el arco semita, con un ejército a sus pies, pudo derrotar a las tropas enemigas que no contaban defensas eficaces e hizo realidad la profecía: mató al Rey de Kish, Urzababa, y finalmente se convirtió en el Rey de toda Acadia y Sumeria. Sargón el Grande murió en 2115 a.C.


No es difícil imaginar a un Abraham, o como se llamara realmente, huyendo de Ur para no caer esclavizado por las tropas de Sargón o de sus herederos y esa historia en el transcurso de los siglos se entremezcló para convertirla en Moisés en otra tierra que entonces era el Sol de mundo, Egipto, con el más grande Faraón que hubo en el Imperio Nuevo, Ramses el Grande, a quien todos consideraban un dios porque vivió 87 años cuando el promedio de vida no llegaba a los 40 y esa longevidad sólo podía ser posible desde la divinidad.  Ramsés era "el hijo de Amon-Ra".
Tampoco es difícil imaginar que las tablas de la ley, las que supuestamente escribió dios en piedra para Moisés, son en realidad las tablas de un código, el código de la ley que cada rey de Mesopotamia escribía y que hoy conocemos por el mejor conservado, el código de Hammurabi. Quizá las tablas que llevó Abraham a Israel eran las tablas de la ley de Sargón, aunque en realidad no tenemos constancia escrita de que las escribiera, o quizá eran las de Ur-Nammu, cien años más tarde, de cuyas leyes si tenemos constancia.


El Moisés bíblico nunca existió como tal. Se sabe que Ramsés tenía multitud de esclavos para construir sus obras, especialmente el Rameseo. Hubo plagas como en muchos sitios, que hoy en día tienen explicación, y el primogénito de Ramses II murió, con unos 40 años de un golpe en la cabeza y no en la niñez. Nada fuera de lo común que Ramsés enterrara a un hijo teniendo en cuenta su larga vida. Sin duda le pudo doler, pero como tenía 152 hijos tendríamos que pensar que la última plaga de Egipto no le habría afectado tanto en la vida como en La Biblia.
Así pues, Moisés es un mito que recoge muchas historias y leyendas de personajes reales para explicar el mundo a su manera, la manera judía. La que ha dejado de lado a un personaje histórico importante, Sargón el Grande, de cuya vida echo de menos una película y no de Moisés, porque hablar de Sargón es hablar de los primeros pasos del hombre en la memoria escrita.



jueves, 5 de junio de 2014

LA MEZQUINDAD DE LOS DIOSES



Hubo un tiempo en que los dioses paseaban entre nosotros y como nosotros tenían defectos, muy feos por cierto, por lo que Odiseo llegaría a plantarles cara, molesto de que se inmiscuyeran en los asuntos de los hombres, interviniendo en su favor o en su contra según sus intereses ladinos. Pero volvamos atrás y recordemos cómo fue el principio de aquel tinglado.
Todo comenzó con una de aquellas grandes fiestas que los dioses celebraban en el Olimpo, una boda entre una diosa y un humano, Tetis y Peleo. Y como en todas las bodas, la lista de invitados no incluía algunas divinidades consideradas lesivas por su carácter maléfico.
Cuando la maléfica diosa de la discordia, Eris, familiar del mismo Zeus, supo que le habían dado la espalda, se presentó muy enojada al evento dispuesta a tirarlo todo por tierra. Primero maldijo el fruto del matrimonio, que moriría en la guerra y, después, ofreció como trofeo una manzana dorada a la diosa que fuera más bella.
Esto llevó a la riña a tres de las invitadas, las tres gracias, que se disputaban el galardón: Hera, Afrodita y Atenea. Como Zeus no estaba dispuesto a mediar en esta disputa, pues eran su mujer y dos de sus hijas, decidió poner por juez a un joven mortal que, según decían, era el más bello humano, el hijo menor del rey de Troya, Paris.
Las tres diosas trataron de sobornarle: Hera le ofreció poder, Atenea destreza en el manejo de las armas y Afrodita el amor de la más hermosa mujer de la tierra, la bella Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. El joven no pudo resistirse a sus encantos y cayó enamorado de la mujer, por lo que eligió a la diosa del amor como la más hermosa, ganándose la enemistad de las otras diosas.
Paris raptó a Helena, que había caído rendida a los hechizos amorosos de Afrodita, y seguro que también a alguno de los encantos del troyano. Claro, Menelao estaba muy enfadado, y con el apoyo de las vengativas diosas Hera y Atenea, reunió a las tropas griegas para que conquistara Troya y recuperara lo que era suyo. Y así empezó la larga guerra que Eris había augurado.
Tetis, mientras tanto, había tenido un hijo que recibió por nombre Aquiles y, para evitar que muriera en la guerra que llegaría tarde o temprano, le metió en la laguna Estigia, cuyas aguas producían la inmortalidad. Sin embargo, para meter al bebé en el agua sin que se escurriera le cogió por el talón, y sólo aquella pequeña parte de su cuerpo quedó sin el baño inmortal, el talón de Aquiles, que sería a la postre su perdición.
Aquiles murió, como Héctor, domador de caballos, y Menelao, también Agamenón y muchos otros. Quedó Odiseo vivo y harto, enfadado con los dioses por haberles manejado a su antojo, alejándoles de su hogar donde residía su felicidad. Como castigo, encima, fue condenado a vagar de isla en isla sin poder regresar durante décadas, como si fuera un español cualquiera que al encender la televisión viera día tras día lo que hacen con su vida los políticos. Porque esto, efectivamente, es una historia de manipulaciones e intrigas, más que de seres virtuosos con poderes legítimos. Porque al final, la mitología griega sigue siendo una explicación válida para el mundo que vivimos.

sábado, 10 de mayo de 2014

EILEAN DONAN

10 de mayo de 1719. Tal día como hoy hace 295 años, cayó Eilean Donan. El castillo que hoy casi todos conocen por la película Highlander (Los inmortales) es una reconstrucción de principios del siglo XX.
Cuando las fragatas Enterprise, Flamborough y Worcester entraron en el Lago Duich encontraron junto al emblema del clan Mackenzie la cruz de Borgoña, la antigua bandera de España y las hostilidades se desataron... Cuentan que un fantasma español se pasea por la reconstrucción de Eilean Donan... Cuentan que en todos los castillos de Escocia hay un fantasma. A la visita de este castillo y a un corto paseo por Glenshiel le debo mi novela, El Monje de Hierro. Aquí os dejo un extracto de la novela y fotografías que tomé del castillo:
[...] la guarnición del castillo vivía una vida tranquila en la que el aburrimiento era la nota más predominante. Durante las largas guardias reparaban en sonidos e imaginaban las más fantásticas procedencias de tales y, por absurdas que fueran, originaron historias de fantasmas que se hicieron populares entre los soldados que buscaban una forma de mantenerse despiertos en las largas noches de vigilia en aquellos muros, confundiendo el aullido del viento al romper contra los estrechos pasillos de piedra con voces de ultratumba y la caída de objetos empujados por el aire y la gravedad con la mano caprichosa del más allá.
—Ya sabéis que todos los castillos de Escocia tienen su fantasma —advirtió Ramiro de Ocaña al resto de sus compañeros.
—Ya ¡Toma! ¡Y en España! ¿No sabéis que en El Escorial camina aún la sombra de Felipe II? —replicó el joven Alberto Núñez.
—Y un templario en el de Ponferrada, que se pasea por el recinto protegiendo sus ocultos tesoros, mientras espera encontrar a un vivo que le sustituya por siempre para que él pueda al fin descansar —intervino el bonachón berciano Jaime Vila con ganas de darle a la historia una vuelta de tuerca.
—Ya estamos ¡Ande ya! Señor Vila —se quejó Luis de Monforte, gallego y buen conocedor de las leyendas de los bosques de su tierra, sobre meigas, brujos, difuntos y encantamientos—, está usted mezclando churras con merinas. Se lo ha inventado y lo ha mezclado con la Santa Compaña.
—Igual da, señores —interrumpió Ramiro antes de que se iniciara una discusión que no llevara a ninguna parte—, el caso es que se lo escuché decir al sargento Mosquera, que lo escuchó a su vez de uno de los Mackenzie y, según cuentan los lugareños, este antiguo castillo fue construido sobre un asentamiento anterior, un pequeño monasterio construido para traer la palabra del Señor a los bárbaros que habitaban estas tierras y los vikingos lo destruyeron en una incursión. A lo que se ve, en el ataque mataron a un monje que trataba de evangelizar la zona armado con una Sagrada Biblia en una mano y un crucifijo en la otra.
—Eso explicaría lo de los aullidos de protesta, cuando Monforte se quejó ayer por no haber podido bajar a la capilla a rezar —todos asintieron, excepto uno que farfulló en bajo:
—Ya están estos tontos otra vez —pero nadie le escuchó.
—Sin embargo, yo supe de otra historia sobre uno de los alguaciles del clan MacRae quien, por lo visto, guardaba el castillo en nombre de los Mackenzie —todos miraron a Luis de Monforte esperando que contara otra de sus grandes historias—. Al parecer, este buen hombre se enamoró de una princesa normanda que acompañaba a su padre desde Escandinavia en una de sus invasiones y en un descuido de éste, la raptó y la trajo a estos muros. Su padre, al saberlo, fue en su busca, enfurecido, y se produjo una batalla para tomar el castillo y recuperar a la dama, pero el padre falleció en la disputa. Entonces, la princesa desconsolada juró odio eterno a su enamorado captor, que ante la tristeza del desamor decidió dejarla marchar y tan destrozado quedó por su ausencia que se quitó la vida para apaciguar el rencor de su amada —todos asintieron a la espera de que alguien contase más detalles. Pero intervino el que había farfullado groseramente contra ellos:
—Señores, lo único que yo he escuchado ha sido el viento al golpear de refilón las paredes y al estrecharse éstas, se producen esos silbidos. Si queréis pensar que el viento es un alma en pena que se pasea por el castillo día y noche, adelante, pero no se os aparecerá ningún ser del más allá que os invite a salir de vuestra ignorancia —todos miraron al incrédulo Miguel de Tormes, conocido por su mal carácter y sus contestaciones fuera de lugar.
—Su falta de fe y de respeto es preocupante, señor Tormes, y no debiera faltar a sus compañeros con tanta asiduidad y facilidad —dijo Alberto Núñez, molesto por las afirmaciones sobre su cultura, más que por su coherente raciocinio.
—Y su falta de inteligencia también, señor Núñez. No he de disculparme si alguien se ha sentido ofendido, pues la verdad no ha de ser motivo de ofensa y sí la estupidez al buen juicio —la contestación hizo que todos se pusieran en pie en previsión de una pelea, mientras los dos soldados empezaban a retarse con la mirada.
—Curioso. Pone en duda mi inteligencia un hombre que con su humor quisquilloso y su mala educación se ha ganado la enemistad de todo el cuerpo. Su madre debe estar orgullosa de usted, señor Tormes —afirmó Núñez sarcásticamente, mientras la tensión iba creciendo hasta que el malhumorado cascarrabias se puso en pie al escuchar la mención sobre su madre, decidido a iniciar las hostilidades antes de que su adversario pudiera responderle:
—Al menos yo la conocía, al contrario que usted —y se lanzó sobre él, golpeándole en la mandíbula antes de que pudiera reaccionar, haciéndole caer sobre la mesa que detrás estaba. Después, continuó golpeando a su contrincante hasta que los presentes intervinieron para separarle golpeando al insolente Tormes.
El capitán Álvaro de Quintana se encontraba en la sala contigua y escuchó el tumulto; cogió su bastón y corrió hacia la puerta que comunicaba las dos salas para saber lo que estaba aconteciendo; observó la situación y gritó:
—Ocaña ¿Qué es este alboroto? —Ramiro se volvió antes de sacar el puño para golpear de nuevo a Tormes y le contestó, mientras se erguía para cuadrarse:
—Estábamos hablando tranquilamente y el señor Tormes ha vuelto a insultarnos y ha empezado a golpear a Núñez. Nosotros le separábamos.
Observó el capitán que se había llevado una buena tunda en la separación Miguel de Tormes, que aprovechó el parón para intentar incorporarse mientras sus ojos iracundos buscaban revancha en el rostro de alguno de sus compañeros. Temiendo que la pelea continuara en cuanto él se alejara, decidió dar un escarmiento que todos pudieran ver. Se acercó a Miguel y le golpeó con la punta de su vara en la boca del estómago con la mayor fuerza que pudo, dejándolo sin respiración.
Tormes emitió un sonido gutural mientras hincaba las rodillas en el suelo y arqueó su cuerpo de dolor. Entonces, el capitán le golpeó nuevamente en la espalda con el bastón y él se desplomó, fulminado por un dolor tan agudo que no fue capaz de gritar por no llegarle suficiente aire a los pulmones, ni tener fuerza para hacerlo.
—Ustedes dos, atiendan a Núñez —ordenó el capitán a Ramiro de Ocaña y a Jaime Vila—. En cuanto a usted Tormes, irá al muro oeste de inmediato y permanecerá de guardia hasta nueva orden, y que no me entere yo de que se duerme o arma bronca de nuevo, porque le prometo que le azotaré personalmente y le despellejaré la espalda con cada latigazo hasta que le saque la mala sangre que lleva dentro ¿Me he expresado con suficiente claridad? —le preguntó al soldado, que apenas podía respirar aún.
—Sí,… sí.
—Sí ¿Qué? —respondió al soldado, mirándole fijamente a los ojos.
—Sí, mi capitán. A sus, a sus órdenes —pudo decir de forma entrecortada.
—Está bien —miró al resto de soldados de la sala —señores, denle algo de beber y cuando pueda respirar que suba a sustituir al señor Pérez, y que no me entere yo de un sólo altercado más ¿Entendido?
—Sí, mi capitán —respondieron todos.
—Bien, pues que no se repita —el oficial se dirigió entonces hacia la salida de la estancia, pero antes de abandonarla se frenó, miró las paredes del recinto y se volvió para decirles algo más—; y dejen en paz a los muertos. Respétenlos en silencio —y después salió [...]

Eilean Donan. Abril de 2010




domingo, 4 de mayo de 2014

OHIO

Hoy, 4 de mayo, es el aniversario de la masacre de la Universidad Estatal de Kent, en Ohio.
El 30 de abril el presidente Nixon había anunciado la entrada de sus tropas en Camboya, extendiendo así la guerra de Vietnam al país vecino.
Anteriormente, en 1969 la indignación popular había crecido después de que las imágenes de matanza de My Lai dieran la vuelta al mundo, y como causa última de la preocupación creciente de los estudiantes, se había producido el primer sorteo para el reclutamiento en las tropas desde la Segunda Guerra Mundial.
Nixon, que había prometido terminar con la guerra en 1968, para salir elegido presidente, lejos de cumplir su palabra alargaba el conflicto con sus decisiones.
Así estallaron las revueltas estudiantiles a lo largo de todo el país en respuesta a la gestión de la administración de Nixon.
En la Universidad de Kent las manifestaciones empezaron el día 1. 
Después de que el alcalde declarase el estado de emergencia entró en escena la Guardia Nacional. 
Por la noche del día 2, al entrar en vigor el toque de queda empezaron los enfrentamientos al no retirarse los estudiantes. Se produjeron detenciones, se usó gas lacrimógeno y un estudiante fue herido por una bayoneta.
El día 3 había mil efectivos de la Guardia Nacional. Con la indignación de los sucesos de la noche anterior, los estudiantes se enfrentaron a los militares hiriendo a diez, a cambio de que algunos estudiantes recibieran heridas por bayoneta.
La manifestación del día 4, que había sido desconvocada por los representantes universitarios, concentró a más de dos mil estudiantes.
Un agente de policía se acercó en un jeep a los estudiantes para advertirles de que serían detenidos si continuaban. Fue recibido a pedradas. Uno de los acompañantes del policía en el automóvil fue herido y se alejaron.
A medio día volvió la Guardia Nacional y lanzó el gas lacrimógeno. Los estudiantes los devolvieron obligando a la guardia a ponerse las mascarillas. Viendo que los manifestantes no iban a retirarse, 77 hombres de la Guardia Nacional avanzaron con sus armas con las bayonetas caladas apuntando a los manifestantes.
Hubo cuatro muertos:
Allison Krause, Jeffrey Glen Miller, Sandra Lee Scheuer y William Knox Schroeder.
Cinco días después cien mil personas se manifestaron en Washington. En la Universidad de Nueva York una gran pancarta rezaba: no podrán matarnos a todos.
Las imágenes de estas muertes dieron la vuelta al mundo y la presión contra Nixon para que terminara con el conflicto aumentó.
Quisiera rendir este pequeño homenaje a aquellos estudiantes, recordándolos y poniendo esta canción que se compuso en su honor: Ohio, de Crosby, Stills, Nash & Young
https://www.youtube.com/watch?v=hkg-bzTHeAk

miércoles, 9 de abril de 2014

POR QUÉ NO USO HUGO BOSS.



Hugo Boss. Esa incipiente marca de moda lleva en realidad arrastrándose por el mundo cual mamba negra desde la primera mitad del siglo XX.
Es en mi opinión, una lacra del nazismo que no debería existir y por lo tanto ni la uso ni la usaré, por respeto a cincuenta y cinco millones de muertos.
Hugo Ferdinand Boss nació en Metzingen, Wurtemberg, en la actual Alemania, en 1885.
En 1923 fundó su marca Hugo Boss, en un tiempo en que Alemania estaba inmersa en la República de Weimar, en la que Hitler ya estaba de tapadillo taladrando la mente de los más indignados con la mala situación de postguerra.
Hasta entonces tenía Hugo Boss relación con algunos comunistas y judíos, pero en 1931 se afilió al partido de Hitler y se aprovechó de ello para salir del agujero en el que todos estaban después del crack del 29. No dudó en denunciar a los judíos y se ganó su posición en el partido, razón por la cual Hitler le enriqueció, permitiendo que confeccionara los uniformes de las SA, SS, la Werhmacht, y las juventudes hitlerianas.
Durante la guerra, en la que su imperio floreció, no dudó en utilizar ciento ochenta prisioneros de guerra esclavizados, judíos, en condiciones infrahumanas y apenas alimentados, que sin duda le permitieron abaratar costes y aumentar los beneficios de su compañía.
Por estas razones fue juzgado al terminar la guerra, en la RFA y fue multado con 80000 marcos alemanes por su participación en el aparato nazi. Moriría poco después, en 1948, y su marca sobrevivió gracias a la inmensa fortuna que había apilado con la ayuda nazi.
Actualmente pertenece a unos inversionistas británicos que no se han preocupado ni de cambiarle el nombre a la empresa.
Personalmente, sabiendo lo que simboliza, me siento incapaz de llevar nada que tenga que ver con esa marca, un símbolo del nazismo que condujo al mundo entero al borde de la aniquilación.



Hugo Boss, el sastre que confeccionaba los uniformes de las tropas nazis
Desfile nazi, o lo que es lo mismo, desfile de moda de la marca Hugo Boss

viernes, 4 de abril de 2014

4 de abril

Hoy 4 de abril, es el aniversario de la llegada del Regimiento de Galicia a la isla de Lewis, en Escocia. En 1719, los 307 que estaban destinados a levantar a los highlanders en armas contra Inglaterra, comandados por el Conde Marischal, se encontraron a un pueblo ansioso por recuperar su independencia y fueron recibidos al son de las gaitas y los vítores entusiastas...
Sin embargo, ese mismo día arribaba a las costas de Galicia la primera de las naves de la flota que el Almirante Guevara debía conducir a Gales para tomar Londres. El desastre era total. Los caballos y cañones debieron ser tirados al mar para perder peso, los hombres sedientos y hambrientos, al borde de la muerte, el velamen inservible y el aparejo destrozado. Una vez más, La Costa de la Muerte fue un rodillo para los navegantes y la flota nunca llegó a su destino.
Tan sólo los 307 que habían salido en dos naves corsarias desde Pasajes habían llegado a su destino. No sabían que estaban sólos, en un país que no conocían, con costumbres que no entendían... 
Aquel atardecer, en su desconocimiento, eran felices y escuchaban la llamada a las armas de los jacobitas que entonaban el Pibroch
Más información, en mi novela, EL MONJE DE HIERRO, cuando la publique, por supuesto.

https://www.youtube.com/watch?v=4i2brqPhAsQ




miércoles, 26 de febrero de 2014

El Glorioso

Don Pedro Mesía de la Cerda era un infante cuando sobrevivió al desastre de Passaro.
Quién lo iba a decir, que aquel Guardamarina que sobrevivió a la carnicería del San Felipe, el Real, descrita en El Monje de Hierro, se convertiría en Teniente General de la Real Armada y Virrey de Nueva Granada años después. 
Todo un héroe de nuestra patria que, sin embargo, ha caído en el olvido del común, ya que hoy en día parece ser que es malo sentirse español y cantar las gestas de grandes hombres que bajo nuestra bandera sangraron, y por ello se prefiere mirar a otro lado antes que reconocer que, en realidad, este país está lleno de héroes y que los necesitamos hoy más que nunca, aunque sean anónimos.

Corría 1747, durante la Guerra de Asiento, también llamada de la Oreja de Jenkins, cuando se le ordenó a Don Pedro, quien por entonces ya era Capitán de Navío, regresar a España desde América a bordo de El Glorioso, transportando cuatro millones de pesos de plata. Al principio el viaje fue tranquilo, pero no habría de serlo siempre, pues los ingleses conocían la existencia de este tesoro y no estaban dispuestos a permitir que España se nutriera de él regenerando las arcas del Rey Católico.
El 25 de julio el Glorioso encontró en su carrera hacia España la presencia de diez buques ingleses entre los que había tres de guerra: el Warwick de 60 cañones y la fragata Lark, de 40, además de un bergantín de 20.
Comenzó la persecución. El navío español, de 70 cañones se mantuvo a barlovento para proteger la carga mientras que el bergantín, más rápido, se acercaba y lanzaba su primera andana contra la popa a eso de las 9 de la noche.
Sabiendo que era un riesgo hacer frente a los tres buques don Pedro decidió transportar cuatro cañones de gran potencia a la popa y de este modo impidió que el bergantín se acercara demasiado ante los disparos amenazadores del navío español.
Un intercambio de golpes poco certeros se produjo durante toda la noche entre los dos navíos, pero la cosa se complicó a partir de la mañana siguiente, cuando los otros dos se unieron a la fiesta y el bergantín se alejó para proteger a los siete mercantes que estaban escoltando los buques de guerra.
A medio día llovió y el glorioso quedó sin viento a favor, de modo que se volvió hacia estribor para presentar batalla. El Lark sufrió duros cañonazos que le dejaron muy dañado el casco y el aparejo.
Entonces viró en redondo el navío español para disparar al Warwik, que ya le estaba tomando la distancia para disparar. Hacia las 2 de la noche comenzó el combate. Tras hora y media de andanadas el navío inglés quedó sin el palo mayor, viendose obligado a la retirada.
El navío español había sufrido 5 bajas y 44 heridos, algunos daños en el aparejo y en el casco, y de la Cerda sabía que podría haber vencido al navío inglés de perseguirle, pero temiendo la presencia de más navíos ingleses en la zona decidió continuar pensando en el bien del cargamento y de sus hombres.
Algunos daños fueron reparados de camino a España, otros necesitaban ser reparados en un puerto y aún le quedaba un buen trecho para llegar a Galicia.
El 14 de agosto se topó con tres navíos ingleses: el Oxford, de 50 cañones, la fragata Shoreham y el bergantín Falcon, de la escuadra de John Byng, a quien de la Cerda recordaba de Passaro.
Después de tres horas puso en fuga a los ingleses. Perdió el bauprés y a 9 hombres más, pero consiguió llegar a Corcubión dos días después dejando el cargamento a salvo. 
Después de los arreglos más imprescindibles De la Cerda salió para El Ferrol, pero los vientos contrarios le obligaron a poner rumbo a Cádiz tratando de alejarse de Portugal para no encontrarse con los navíos ingleses que patruyaban aquellas aguas.
El 17 de octubre se encontró con cuatro fragatas corsarias en las proximidades del Cabo San Vicente. El buque español los mantuvo a raya causándoles fuertes daños. Un quinto navío se unió a la fiesta, el Darmouth, de 50 cañones, y de nuevo se inició un duro combate que sólo terminó cuando la santabárbara inglesa saltó por los aires por los cañonazos españoles, muriendo en la deflagración el capitán y 325 hombres. Tan sólo 11 marineros y un teniente sobrevivieron al naufragio. 
La fragata King George también quedó inutilizada y las otras tres fragatas continuaron persiguiendo al navío español, que seguía su rumbo hacia Cádiz, pero al día siguiente la Russell de 80 cañones, también se unió al combate y entre los cuatro navíos acribillaron al Glorioso, que aguantó toda la noche, infringiendo daños a los ingleses, hasta que al amanecer del día 19, ya sin munición, desarbolado, a medio hundirse y con 33 muertos y 120 heridos, Pedro Mesia de la Cerda rindió la nave viendo imposible la defensa.
Fueron llevados a Lisboa donde el Glorioso fue inspeccionado para unirlo a la Armada Inglesa, pero tantos daños tenía que tuvieron que desguazarlo. Los españoles apresados fueron a Londres, donde fueron tratados con honor y admiración, mientras que muchos de los capitanes ingleses fueron expulsados de la Armada acusados de incompetentes.
A su vuelta a España De la Cerda fue ascendido y los marineros españoles recibieron el merecido reconocimiento.
Y ahora, decidme. Después de todo ésto ¿Realmente os parece heroico lo de la película Master and Commander? 
Bien merece una película el Glorioso, historia pura de nuestra Armada, un navío de héroes que nadie debería olvidar. Un recuerdo para ellos, nuestros héroes.

jueves, 13 de febrero de 2014

La noche del Llanto

13 de febrero de 1692, las cinco en punto de la mañana. Los MacDonald duermen en sus camas cuando sus invitados las dos últimas semanas empiezan a aporrear sus puertas.
Confusos por el sueño se levantan y entreabren la puerta para saber a qué se debía aquel estruendo. Se desata el terror.
Era el tercer aniversario de la coronación de Guillermo de Orange como rey de Inglaterra la fecha elegida por las tropas inglesas y algunos miembros del clan Campbell para ejecutar sin piedad a todo hombre menor de setenta años del clan MacDonald, fecha que nos pone sobre la pista de las motivaciones de los asesinos.

Durante dos semana habían convivido con los MacDonald en espera de la orden y no tuvieron miramientos con nadie. La Masacre fue despiadada: niños muertos, mujeres brutalmente torturadas... Una de las mayores vergüenzas de la corona inglesa que todavía hoy recuerda toda Escocia como Noche del Llanto. Nacesitaban cabezas de turco y ellos eran perfectos. Católicos, tradicionalmente jacobitas, fiermaron juramento al rey fuera de plazo, la excusa perfecta.

Cuando todo parecía haber terminado, quemaron las casas, impidiendo que las mujeres y las niñas pudieran guarecerse del intenso frío glaciar que caía sobre el valle de Glencoe. Se estima más de veinte bajo cero.
El frío y la nieve hicieron lo que el ejército dejó en elipse y a los 40 muertos durante las primeras horas se sumaron otras 38 víctimas por congelación.

Aún hubiera sido peor si en vez de utilizar armas de fuego que alertaron a muchos antes de que la suerte fatal les alcanzara, hubieran utilizado el sigilo del frío acero.
Así salvaron el cuello los hijos del Señor de Glencoe, Alastair (Alexander) y el mayor, su heredero, Iain (John) que con el tiempo se convirtió en el señor de Glencoe número 13, extraña coincidencia con el día.

Pero el valle nunca más tuvo la vida de antaño hasta que ha sido llevado al cine por infinidad de películas entre las que destacan Highlander (Los Inmortales), Braveheart, Skyfall o la Legión del águila.
Aún hoy se hiela la sangre en un día de lluvia, mientras los truenos suenan como voces del más allá pidiendo aún justicia, pues nadie fue condenado por aquellos hechos.

La Noche del Llanto está descrita en la introducción de mi primera Novela, el Monje de Hierro, y os confieso que describiendo aquellas brutalidades, lloré.

Descansen en paz




domingo, 9 de febrero de 2014

ALGUNAS CLAVES PARA SER FELIZ

Había escrito algunas ideas a primeros de año que tuvieron mucho éxito entre algunos amigos y antes de retomar temas relacionados con la novela, que está por el momento en período de espera, mientras algunos representantes y editores la leen para darme su opinión y una respuesta, he decidido compartir con vosotros algunas claves para ser feliz según mi opinión.
Tengo la suerte, en este momento de mi vida, de ser feliz y aquí está la raiz de mi secreto. 


NÚMERO 1: no te prometas hacer cosas en el futuro... No pienses en lo que hay que hacer para... NO. SIMPLEMENTE HAZLO. Haz lo que creas mejor. Hazlo, hazlo, hazlo, no lo digas, hazlo. Y empieza por limpiar tu habitación. Las cosas se ven mejor a tu alrededor cuando todo está colocado y limpio.

NÚMERO 2: lo más importante no es el dinero (que ayuda), no es la familia (que ayuda), no es el amor (que ayuda). Lo primero es la salud (No conozco a ningún esqueleto que diga que es feliz, bueno nunca he hablado con ninguno...). La enfermedad es un enemigo que puede privarte de lo más valioso que tienes: la vida. Así que lo primero es cuidarse: el deporte ayuda a ver las cosas mejor y desestresa... La gente que hace ejercicio normalmente es más feliz que quien no hace ejercicio y su salud suele ser más fuerte.

NÚMERO 3: SUELTA LASTRE. La vida es como una carrera de larga distancia en la montaña, con momentos de subida y de bajada, llena de "peligros", y todo el mundo sabe que para correr más cómodo hay que deshacerse del mayor peso posible. Haz lo mismo con tu vida: deshazte de aquello (objetos o personas) que resulten negativos... De lo malo hay que aprender para que no se repita, con lo bueno es con lo que debes quedarte, y conservarlo... Hay un dicho que dice que quien bien te quiere te hará llorar y no es cierto siempre... Hay que ver las cosas con perspectiva. A veces nos empecinamos en conservar aquello que nos hace daño convencidos de que es lo que queremos y nos confundimos. Si algo te hace daño y no es indispensable, alejate. SUELTA LASTRE.

NÚMERO 4: Respeta. Casi todo es relativo: el mundo no suele ser blanco o negro, el mundo tiene una gran escala de grises, o de colores (según se vea, pero me vale de ejemplo), y tantos grises hay como situaciones, lo que convierte algunas de ellas, situaciones o presuntas verdades, en meros puntos de vista. 
Por eso muchas veces no nos ponemos de acuerdo. Y como hay tantas opiniones como situaciones conviene ponerse por un instante en el lugar de los demás, para no encerrarnos en una postura que no siempre tiene porqué ser la más correcta. En otras palabras, respeta y no seas egoista o te quedarás sólo. Del mismo modo no debes dejar que nadie te falte al respeto, ni atropelle tus decisiones u opiniones, lo que nos lleva al punto número 3 (suelta lastre).
La verdad, es que dos y dos son cuatro, porque lo hemos decidido.
La verdad, es que la guerra civil española empezó en julio de 1936. 
Que una persona sea guapa o no, no es verdad, es un punto de vista.
Por eso, las personas que van de sinceras no siempre dicen la verdad. 
A veces el ser humano se merece un poquito menos de sinceridad y un poco más de comprensión... Respeta, que no vives tú sólo en el mundo.

NÚMERO 5: sonreir. Vas al trabajo y tienes que preguntarle a un jefe por una cuestión que, banal o no, te carcome. Uno sonríe y el otro está serio ¿A quién le preguntas?
En un mundo en sociedad no se pueden conseguir todas las cosas que uno desea haciendo la guerra por separado y con el morro hasta el suelo porque no te sale nada. Lo que viene muy bien para que las cosas cambien es tener una actitud positiva y ganas de buscar soluciones, y para eso, necesitas tener un apoyo de otras personas para muchas cosas.
Muchas de las personas que triunfan en la vida es porque lo hacen socialmente y la mayor parte de las veces empieza todo por la amabilidad y la simpatía. Regalar sonrisas es gratis y contagia. Regala cariño y a cambio quizá recibas amor, quizá se abran puertas que no esperabas ver abiertas... La sonrisa es una bandera de tu actitud. Sonríe, ama y seguro que algo te llegará en algún momento. La idea es arreglar tu pequeña parte del mundo y contagiar a los demás para que hagan lo mismo Todo empieza con un gesto sencillo y angelicalmente perfecto: la sonrisa.

NÚMERO 6: la más obvia, sé tu mismo. No intentes cambiar por nadie ni dejes que nadie lo haga por ti, porque ni tú serás tú mismo ni las personas que dicen cambiar lo harán realmente. Uno debe ser quien es con sus virtudes y sus defectos: puede evolucionar y aprender a potenciar sus virtudes y quizá consiga minimizar sus defectos si pone empeño, pero siempre estarán ahí, así que las personas que te rodean deben aprender a vivir con lo bueno y lo malo de tí, y viceversa, o mejor es pasar a la clave número 3 y soltar lastre. Sí eres tú mismo nadie podrá decir que no eres lo que esperaban (lo pueden decir por egoismo, para hacer daño, pero no con sinceridad). Serás feliz contigo.

NÚMERO 7: de vez en cuando usa el sentido común. No dejes todo para última hora, no vivas por encima de tus posibilidades... Sentido común, eso que le falta a tantos españoles (y de otras partes del mundo que encajan tan bien aquí). Si esperas al ultimo día para pagar la luz un dia quizá no puedas por mil razones y te corten; si vives por encima de tus posibilidades estarás justito y las pasaras canutas cuando lleguen las crisis; no le pidas a tu pareja que se case contigo si la acabas de conocer, porque aunque te diga que sí, tienes todos los números para acabar como el rosario de la aurora... (Lo mejor que podría pasar es que tu pareja sí tenga sentido común y te diga que no) En otras palabras, no ejerzas de pringado, aunque lo seas. Luego le echarás la culpa a los bancos, a las empresas, al mundo entero, a tu novia... Pero si usas la cabeza, el sentido común, te evitarás problemas muy graves e innecesarios. Se puede vivir al límite pagando las facturas perfectamente (Haz rafting si te gusta el riesgo, eso quita tensión y descarga adrenalina, pero tener un problema monetario por no usar el sentido común te puede llevar a un pozo del que puedes llegar a creer que no tienes salida, y eso es incompatible con la felicidad). Usa la cabeza y si tomas riesgos, que sean medidos, y no me refiero a medir el tiempo que tienes para pagar una factura el día antes de que te cumpla. Paga según te llegue y te olvidas. Medir el riesgo es que si sabes que tienes vértigo, no es muy aconsejable hacer el pino al borde de un precipicio de mil metros, porque te vas a marear y te vas a caer con toda seguridad. Que te caigas al vacio o al suelo de la montaña es sólo cuestión de suerte, y a la suerte hay que dejarle un margen muy pequeño. La verdadera suerte es la que se labra cada uno día a día.

NÚMERO 8 Y ÚLTIMA (SEGURO QUE HAY MÁS PERO YA LAS ANALIZARÁ OTRO): Compartir y confiar en alguien es esencial. Comparte tus sentimientos, tus problemas, tus inquietudes. Si te lo tragas todo vas a acabar explotando. La desconfianza, igual que el odio, llevan al lado oscuro, al reverso tenebroso (Y Darth Vader no era muy feliz) Confía (con sentido común, clave 7) y comparte como yo estoy compartiendo mis pensamientos con vosotros. Con tu pareja, con tus amigos más intimos, con tu familia... Ellos son los que te darán una perspectiva diferente cuando creas que todo está mal y te harán ver que no estás sólo en casi ningún ámbito de la vida. Compartir es amar y confiar. Normalmente lo mismo que des recibirás... 
Eso sí, no andes cuchicheando delante de otras personas, es de mala educación. Simplemente elije un momento mejor para hablar.


miércoles, 22 de enero de 2014

El Mariscal que se fue de España

"Las memorias son comúnmente tan tediosas al principio, por el recital de genealogías, accidentes insignificantes acaecidos durante la infancia, y relaciones minuciosas (apenas en condiciones de ser contadas al más intimo amigo), que no sólo resultan desinstructivas para el lector, sino también repugnantes para aquellos que desean emplear su tiempo de forma útil. Deberé, por lo tanto, empezar por la muerte de la Reina Ana, momento en el cual era joven, 17 años de edad, y era capaz de juzgar un poco el estado del Reino de Escocia y las inclinaciones de sus gentes..."
James Keith: A Fragment of a Memoir of Field-Marshal James Keith, written by Himself, 1714-1734; edited by Thomas Constable for the Spalding Club. Edinburgh, 1843

Así comienzan las memorias de uno de los mayores cerebros militares del siglo XVIII, el Mariscal de Campo al servicio de Prusia James Edward Francis Keith y, a título personal, considero que este comienzo debería ser grabado a fuego en la frente de todo aquel que sigue la oferta televisiva del orden de Gran Hermano, Corazón Corazón, Sálvame y demás bazofia rosa o basura mediática en general, que ha sido creada para moldear el carácter conformista de sus televidentes mediante un velo de entretenimiento.

James Keith es uno de los personajes secundarios de mi libro, El Monje de Hierro, aunque en varios capítulos se convierte en personaje principal al igual que su hermano, George Keith, el Conde Marischal.
Como tantos otros en Escocia era presbiteriano, pero supo dejar la religión a un lado y se comportó como un gran patriota, declarándose ferviente jacobita, razón por la que fue perseguido por los diferentes gobiernos del recién creado Reino Unido (La unión de Inglaterra y Escocia se aprobó en 1707 pese a la amplia mayoría de población escocesa, contraria a la pérdida de su independencia).
Pero hoy no me voy a detener en los acontecimientos que se relatan en mi libro para no desvelar sorpresas que podrían sonar más a novelescas que a históricas y que cuento tal cual las vivieron sus protagonistas y, que diablos, al fin y al cabo, El Monje de Hierro es una novela, histórica, pero novela.
Voy a ir más allá, al momento posterior, cuando arribó a España por segunda vez después de mil y una peripecias.
Después de su llegada a Madrid en julio de 1720 se presentaron los hermanos Keith ante el Ministro de la Guerra, Miguel Duran, para pedir que se hiciera efectiva la patente que les había sido concedida por los servicios prestados a la Corona de España durante el Levantamiento de 1719. Desgraciadamente las patentes las habían destruido ellos mismos cuando fueron detenidos en Sedan, para que no les incriminaran y les condujeran directos a la horca acusados de alta traición al Rey Jorge I de Inglaterra.
El depuesto Ministro Alberoni había mantenido estas comisiones en secreto ya que la operación era encubierta y cuando huyó del país por la puerta de atrás debió quemarlas con una gran cantidad de documentos que le hubieran podido llevar a la muerte y no al destierro. Por la ausencia de pruebas de estas comisiones no les fueron concedidas a los hermanos Keith aunque tenían derecho a ellas.
Al fin, después de meses en los que tuvieron que vivir de la caridad de algunos amigos, le fue concedido el grado de Coronel a James Keith, pero sin un puesto en regimiento alguno y el joven militar tuvo que sobrevivir como pudo, astiado y confundido, hasta que el Almirante George Cammock, al servicio del Rey Felipe, le acogió en su casa.
En 1721 el MInistro de la Guerra, Miguel Durán, fue encontrado culpable de malversar los fondos destinados a la campaña para defender Ceuta de los ataques moros de 1720, algo no muy diferente a lo que hoy en día sucede, y es que en España las cosas no han mejorado en tres siglos, perros diferentes con el mismo collar...
De este modo, James trató de sondear al nuevo Ministro, el Marqués de Castellar, y la situación no fue mejor con él.
Al final decidió marcharse de España en 1722 ante la falta de oportunidades cuando comprendió que siendo protestante nunca tendría un puesto de responsabilidad en las tropas del Rey Católico, y es aquí a donde quería llegar, porque esa triste realidad de un gran militar sigue repitiéndose una y otra vez en este país de pandereta. Un hombre apto, lleno de ganas y conocimientos, en España se pudo echar a perder, igual que se pierden tantas personas aptas porque no son primos de alguien, o no son pelotas, porque estaban paseando por el pasillo equivocado, o simplemente porque alguien de RRHH elijió su nombre al azar. 
Así es que grandes profesionales se pierden mientras otros muchos que son mediocres se agarran a sus sillas y agachan las cabezas para quedarse, madrecita, como están, porque no dan para más o, en el caso de que sí puedan darlo, sepan que no van a tener una oportunidad para mejorar. Y eso sucede en la política, donde el nivel es bajo tirando a muy deficiente (El conocimiento del inglés debería estar entre los requisitos obligatorios para ocupar un puesto de responsabilidad en la administración, entre otras muchas cosas), tanto como en empresas, grandes o pequeñas: no importa que seas apto o no, sólo importa que estés en la media, que seas mediocre, que seas como todos, porque si destacas le caerás mal a alguien que te intentará pisar y seguramente lo conseguirá.
Qué les puedo decir que no sepan. James Keith volvió una vez más a España cuando se intentaba recuperar Gibraltar en 1726, pero ya no quiso volver a servir a España cansado de que le ningunearan. Entró al servicio de Rusia primero y de Prusia después, y fue allí donde se convirtió en Gobernador de Berlín y en Mariscal de Campo siendo aún hoy recordado en Alemania por sus grandes dotes militares. 
James Keith murió en el campo de batalla de Hochkirch, durante la Guerra de los Siete años.
Un gran hombre que se merecía de mi este pequeño homenaje. Pudo haber sido un gran general español, pero por motivos ajenos a sus aptitudes terminó en Prusia. Una lástima, como cada día que se enciende el telediario en este santo país, donde nunca cambia nada.


File:Generalfeldmarschall Keith (Pesne).jpg
James Edward Francis Keith, 1696-1758