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jueves, 31 de octubre de 2013

Un puente en el infierno



Aprovechando que hoy es Halloween he decidido escribir esta historia terrorífica, que lo es más si se piensa que los hechos que se cuentan a continuación fueron reales y no producto de mi imaginación. Mi propuesta para esta noche es una... Indigestión.

 Se advierte que hay fotografías más abajo que pueden herir la sensibilidad del espectador


Siempre quise ir a África para estudiar la fauna autóctona mientras realizaba mis trabajos de arquitectura, pero jamás pensé que la vida salvaje de este lugar me arrebataría el sueño para el resto de mis días.
Pero disculpen, no me he presentado. Mi nombre es Patterson, John Henry, y soy coronel del imperio británico a pesar de haber nacido en Irlanda.
Mucho podría contarles sobre mi vida: que soy protestante, que amo a mi mujer, que me gusta el buen whiskey, como a todo irlandés que se precie, pero no se me recordará por mi vida en sociedad, si no por vivir la más atroz de las pesadillas.
En marzo de 1898 fui comisionado por la British East Africa Company para la construcción de un puente sobre un río de Kenia y hacia allá me dirigí dispuesto a cumplir mi cometido a la par que disfrutaba de alguna cacería de cuantas especies encontrase en mi camino. He de reconocer que cuando servía en la India me destaqué como gran cazador de tigres, así que la idea de terminar de decorar las paredes de mi casa con las pieles y cabezas de las piezas que cobrara en África me resultaba de lo más atractiva, influido por los gustos de los miembros de la Real Sociedad Geográfica y la alta sociedad victoriana de Londres.
Había imaginado grandes extensiones de terreno de pasto para los antílopes y demás especies que cohabitan en estas latitudes, pero el lugar que rodeaba al río Tsavo resultó ser espinoso, lleno de matorrales que no permitían admirar la sabana que se extendía más allá, complicando mi idea inicial de dedicarme a la caza en los ratos libres. Me vi obligado, por el contrario, a dedicarme de lleno a mi labor, ayudado por cientos de trabajadores collies, de procedencia hindú, que yo mismo contraté por su bajo coste, como es obvio.
Me contó uno de mis ayudantes de etnia kamba que, en su lengua, Tsavo significa lugar de matanza, porque en esta región se producían combates contra las tribus masai, y que entre sus costumbres estaba la de abandonar a sus muertos en el campo para que los carroñeros terminaran con sus restos, lo que a mí me pareció grotesco y me produjo una gran repulsión, pero no le di más importancia en ese momento, ni al hecho de que pasara por allí una ruta de esclavos, ni que a nuestro alrededor la sequía y la enfermedad hubieran mermado a muchas especies, quedando sólo búfalos y algunos leones atrevidos de extraordinario tamaño que pretendían cazarlos, leones extraños a decir verdad, no sólo por su tamaño, ysí por la carencia de melena en los machos, lo que me hizo pensar en la posibilidad de que se tratara en realidad de una subespecie de leones, pero no tengo suficientes pruebas como para comprobarlo a día de hoy.
Sin embargo, en el campamento todo seguía con normalidad, de espaldas al dolor de la población local y a la vida salvaje, pues contábamos con la protección de los medios y suministros que nos proporcionaba la British East Africa Company, especialmente yo por ser el director de la construcción.
Yo tampoco escuché nada. He de reconocer que no me enteré de nada la noche en que todo comenzó a los pocos días de mi llegada. Todo fue rápido, silencioso, extraordinariamente medido, y al amanecer empezaron los gritos. En seguida salí a ver de qué se trataba y uno de los capataces me informó de que uno de sus hombres había sido brutalmente descuartizado y parcialmente devorado, presumiblemente por un león.
Enseguida descubrí que la víctima había sido arrastrada desde su tienda fuera del campamento, ya muerta, quizá asfixiada, o como consecuencia del primer mordisco en la garganta, como acostumbran a cazar los leones, pero lo que encontré cuando seguí los restos de sangre jamás lo olvidaré: los restos de ese desgraciado estaban esparcidos en los alrededores del campamento, como si estuvieran marcando el terreno como suyo.
En aquel momento decidí organizar una batida para acabar con el asesino de aquel muchacho, pero después de todo el día no encontré ni rastro de la fiera, así que volví al campamento con los hombres y les obligué a reanudar los trabajos en el puente.
Ese ha sido el error más imperdonable de toda mi vida, porque al olvidar mi humanidad, pensando en la pérdida de un día de trabajo por un simple trabajador muerto y no en la seguridad de mis hombres, animé a las bestias a volver a por más. Tiempo me costó comprenderlo. Tuve que despojarme de mi orgullo victoriano para saber que así fue.
Dios mío, murieron más de ciento treinta trabajadores e indígenas locales en los meses siguientes, devorados por dos leones machos jóvenes de un gran tamaño Los trabajos se paralizaron a pesar de las presiones que recibía de la compañía y nada sirvió.
Primero decidí colocar un cerco de espinos alrededor, pero los leones lo sorteaban, y seguían entrando, arrastraban a las víctimas fuera del campamento, a veces muertas, otras veces se podían escuchar los gritos de terror de las víctimas cuando eran arrastradas aún vivas, justo antes de que empezaran a devorarlos.
Eran asesinos de hombres que no tenían interés en comer demasiado de sus presas. Eso nunca lo he comprendido. No sé porqué lo harían, quizá les resultaba fácil y viendo que la comida sobraba, decidieron no saciarse con cada persona que asesinaban. Pero el caso es que siempre esparcían los restos alrededor del campamento, como si quisieran quitarnos nuestra dignidad como especie, como si atentaran a la pirámide alimenticia instaurarse en el peldaño más alto que sólo a nosotros corresponde ocupar.
Cuando me puse manos a la obra ya habían muerto decenas de personas de las poblaciones locales y varios trabajadores. Idee trampas, cambié la enfermería de lugar, pero estos leones no eran normales, era como si se anticiparan a mis movimientos, y siempre se escapaban a mis intentos de matarlos.
Los trabajadores, cada vez más hostiles hacia mi gestión de la situación, pararon las obras y se fueron, culpándome de que los espíritus malignos que ocupaban los cuerpos de los leones hubieran llegado al mismo tiempo que yo me hice cargo de la obra. Les pusieron por nombre Fantasma y Oscuridad.
Decidido a cazarlos, viví mil y una peripecias que casi me cuestan la vida en infinidad de ocasiones hasta que, por fin, el 9 de diciembre, acabé con el primer león.
El segundo cayó tres semanas después, justo a tiempo de que no me matara cuando estaba herido, arrastrándose para llegar hasta mí, hasta que al fin murió a unos pocos palmos de mi cuerpo.
Y ahora están aquí, bajo mis pies, como vulgares alfombra, y sin embargo no me quito de la cabeza la maldad y el dolor que representan. Aún me visitan en sueños.
Es por ello que los cederé a un museo de Chicago, y también la razón de que ahora sea vegetariano. La carne me trae malos recuerdos.
Aunque mis errores costaron vidas, la población local y los trabajadores me perdonaron. Hasta me obsequiaron una taza de plata conmemorativa, que siempre ha sido mi más preciado trofeo. Este regalo me recuerda todos los días que aquellas gentes tienen el mismo derecho a vivir que yo, independientemente de su origen y condición. Fantasma y Oscuridad me lo hicieron ver de la forma más horrenda. Nunca podré quitarme de la cabeza sus miradas ensangrentadas, aquellos días en que levanté un puente en el infierno.

Aunque esta historia sucedió de verdad, hay que destacar que el hecho de que algunos leones hayan matado humanos de vez en cuando no nos da derecho a exterminar a toda la especie. En los últimos 30 años la población de leones en África ha descendido de 130000 a 30000 (aproximadamente). Conviene concienciarse para salvar a estos felinos, o pronto estarán en peligro de extinción. No olvidemos que el mayor depredador que existe es el hombre y que el hombre es quien más hombres mata. 
Deseo que disfruten de estas fotografías de leones guardando su presa después de una cacería. Naturaleza salvaje en estado puro. Tomadas en Etosha, Namibia.






 Fotografía tomada cerca de Victoria Falls, Zimbabwe. Leonas de 18 meses

viernes, 11 de octubre de 2013

Arena en los calcetines (Improvisando)

—Como diría un vampiro creado por Anne Rice —me dijo el tío— te voy a dar la oportunidad de elegir que yo nunca tuve -y acto seguido me mordió. 
Sí, después me preguntó si quería vivir o morir, pero el daño ya estaba hecho, porque no me contó las consecuencias de mi decisión, como si fuera un comercial de telefonía o de seguros cualquiera.
Me contó lo de que no puedo ver el Sol, que es un fastidio, pero como me pasaba las noches de bar en bar, pues nada, lo pasé; me contó lo de la estaca, lo de la sangre, lo de los espejos, con lo vanidoso que yo era, pero nada, aun así lo de vivir para siempre bebiendo sangre fresca, pues como que me llamaba la atención, porque si los leones lo hacen, no voy a ser yo menos.
Pero coño, sí hubiera sabido que los vampiros también pagan impuestos, le habría dicho que me matase y se fuera a hacer gárgaras con mi sangre a ver si se atragantaba, porque resulta que ahora soy inmortal y ¿Habéis visto alguna vez un vampiro jubilado? Yo no. Y tienes que pagar la comunidad de la casa en la que tienes tu ataúd, tienes que pagar el terreno, la manutención del humano al que has convencido para que te cuide de día, su sueldo, que también tiene que comprarse ropa y ducharse, porque a ver si os creéis que beber sangre por los siglos de los siglos sale barato. No, nada más lejos de la realidad. 
En primer lugar, si matas a alguien se investiga, y si te investigan, tarde o temprano llegarán hasta ti. Entonces irás a la cárcel por asesinato, porque igual en USA que hay pena de muerte te pueden clavar una estaca, pero en España abolieron la pena de muerte, y yo soy un vampiro español, así que si vas a la cárcel ¿De qué vives? No puedes matar a los reclusos porque por el día tu duermes y cuando despiertas las puertas de las celdas están cerradas y no puedes pasar porque aunque todos los vampiros tenemos un poder, a mí me tocó el de ver a través de las paredes. Pero que mierda, para que quiero ver lo que hay detrás si no puedo pasar... Así que si te encierran ¿De dónde sacas la sangre? ¿Tú sabes lo chupado que te quedas después de estar 17 años sin beber una gota de sangre? Y encima, como por el día estás dormido los presos se lo pasan bomba contigo, que no voy a contar detalles de lo que le hicieron al último vampiro que estuvo convicto, es mejor estar muerto. Por eso, lo mejor es comprar la sangre y dejarse de asesinatos. Y para comprar hay que tener dinero, lo que conlleva que tenga que trabajar para conseguirlo, pagar impuestos, lo dicho, un coñazo.
Me he buscado un puesto de camarero en un pub. Está mal pagado, y me paso la noche relamiéndome al ver esos cuellos palpitantes, pero me aguanto, porque sé que tengo que pagar la sangre que les compro a los de la cruz roja.
Gracias a la naturaleza no tengo que pagar por el agua, porque además de tener el mismo aspecto y no envejecer, siempre huelo mal, me duche o no, de eso tampoco me hablaron. Pero, afortunadamente, los humanos no se enteran porque las colonias que usamos son especiales. Yo uso Hypnotice, que se llama así porque la huele un humano y ya no se entera de nada más en toda la noche. Mi compañera de turno de vez en cuando me dice: -oye Vampi, échale colonia a mi novio de la tuya que esta noche tengo otros planes... ¡Ay! La Lore, que buena chica, siempre pensando en que su novio no sufra... 
Pero volviendo a lo que me importa, es que encima, como siempre tengo que tener arena de mi tierra dentro del ataúd, siempre voy por la calle con los calcetines sucios, que parece que voy andando por el desierto. Y venga a pagar impuestos, el sueldo no sube, pero venga a pagar ¿Cuándo voy a dejar de pagar impuestos a estos capullos del Gobierno? Porque a mí me llaman vampiro, pero coña, si entre el Gobierno y los bancos me da miedo salir del ataúd para no consumir aire porque, algún día, lo van a embotellar para venderlo con la excusa de las deudas que ellos mismos crean. Eso sí, tan inútiles son que le darán la patente del aire a alguna empresa americana creada con capital de riesgo, porque así son el PP y el PSOE competentes hasta inflarse, vamos lo que viene a llamarse burbuja... Que estos ya nacen inflados...
En fin, que lo que tengo claro, es que ser vampiro es una mierda, porque como siempre tengo 32 años, nunca podré jubilarme, así que si alguna vez os preguntan si queréis ser vampiros decid que no.
Si queréis chupar, meteros a políticos, banqueros o empresarios que, salvo que España se canse y se líe a estacazos con vosotros, que es lo que se merecen los dirigentes de España sin excepción, viviréis de gorra y os aplaudirán con las orejas...

martes, 8 de octubre de 2013

Cine: GRAVITY

El espacio es frío y solitario.
Si obviamos el pequeño detalle de las bonitas vistas que ofrecen las estrellas y los planetas, lo único que encontrarías a tu alrededor es soledad y silencio. Poco más.
No hay muchas películas que transmitan ésto, quizá 2001 de Stanley Kubrick, quizá algún momento de Alien cuando comienza la película, y para de contar que no hay más.
Sin embargo, la tecnología ha mejorado desde que Kubrick filmó su odisea espacial y aquí es donde aparece Gravity, aunque para mi gusto algunos años antes de tiempo. 
La obra de Cuaron nos enseña la realidad de la vida en el espacio, ese silencio, esas vistas espectaculares de una tierra hermosísima, las estrellas, y nos cuenta una historia de superación personal en una situación extrema que en algunos momentos consigue atrapar de forma claustrofóbica al espectador.
Desgraciadamente sigue sin gustarme el 3D y por eso me atrevo a decir que ha salido antes de tiempo, porque en algunos momentos el cerebro sigue sin transmitir las señales necesarias para que el ojo vea con la misma rapidez las imágenes que se suceden en la película, causando en algunos momentos que el espectador se quede bizco, al menos en el cine que hay más cerca de mi casa, no hay otro mejor en León.

Al margen del 3D, que todo el mundo está sobrevalorando hoy por hoy, y que es en realidad una tecnología en pañales que está muy lejos de ser útil (En esta película en algún momento casi lo consigue, pero no), esta película creo que está muy bien interpretada por Sandra Bullock, o al menos lo intuyo, ya que ver uno de esos cortos en los que dice con su voz aterrada: Houston, do you copy?, a escuchar a una dobladora decir: Houston ¿Me reciben?... Habrá a quien le pueda parecer igual, pero no lo es. 
El espectador español se pierde toda la interpretación de las películas de habla no española, como ya sucedió con la memorable Rush, donde el alemán Daniel Brühl hablaba con acento austriaco en inglés, y eso el doblador no lo trasmite, ni siquiera lo intenta, dejando coja para los españoles una película maravillosa... ¿Será que por estar en crisis tenemos que sufrir malos doblajes también? Señores, estoy en paro ¿Me dejan intentarlo? Igual lo hago mejor... Por su puesto que no quiero que despidan a los dobladores, pero que se pongan las pilas por lo menos, que lo están haciendo fatal...

Pero me desvío del tema. Esta película, tiene momentos de perfección, pero se pierde en ese sentimiento tan americano de pensar que si quieres puedes, y para conseguir el sueño se inventan un accidente causado por los rusos, como no, aunque no dudan en utilizar el mobiliario ruso y chino para tratar de librarse de un destino fatal que, en la realidad, no habría tenido vuelta de hoja. 
Me resulta extraño pensar, además, que en una distancia de 80000 kms, como dicen en la película que hay de diametro en ese punto alrededor de la tierra, la estación espacial internacional, la principal estación china y la nave americana estén tan cerquitas unas de otras, en menos de mil kms. Debe haber un letrero en el espacio que ponga: estacione aquí su nave, el resto está restringido para satélites y basura espacial.
A pesar de lo dicho, es una película que merece la pena ver, pero muy a mi pesar, no se le puede dar categoría de obra maestra porque el guión me parece pobre y no ofrece nada más que una sucesión de situaciones accidentales de las que los protagonistas deben salir como buenamente puedan.
Es cierto que ofrece algún momento transcendental, pero para mi gusto es corta y se pierde en lo accidental.
Al final de lo que se trata es de ofrecer un espectáculo visual muy bueno, que lo es, y enseñarnos como es la vida de un astronauta en el espacio, pero el propio 3D lo estropea por momentos para mi gusto, como ya he manifestado. Quizá dentro de unos años salga una tecnología mejor y la repongan, y si es con subtítulos la disfrutaré más... O sin ellos, que tampoco es tan difícil entender lo que pasa.
Yo le daría de 7,5 a 8 en una escala de 1 a 10, pero es mejorable. 
Me esperaba más, la verdad.

lunes, 7 de octubre de 2013

La piel del cocodrilo (Leyenda de Namibia)

En otro tiempo en que la vida florecía y el agua era abundante, era el cocodrilo el rey de la belleza por su piel dorada y lisa.
Permanecía durante los días en las aguas y salía en las noches a secarse y todos los animales que iban a beber al río podían contemplar la luna llena reflejada en su piel perfecta y exclamaban de admiración.
El cocodrilo, henchido de vanidad, comenzó a salir también durante los días para que los animales pudieran verle aún con más luz idolatrándolo.
Sin embargo, la luz cegadora y cálida del Sol resecó su piel, que se volvió fea y agrietada, y los animales perdieron el interés, por lo que ya no volvieron a beber durante el día.
El cocodrilo, humillado ante su nuevo aspecto, ya sólo sale a la superficie cuando no hay nadie, pero se esconde bajo el agua cuando un animal se acerca, dejando sólo visibles su nariz y sus ojos para poder respirar y ver fuera del agua.
¿Moraleja? ¿Detrás de una piel bonita siempre hay un reptil que se estropea por exceso de vanidad? ¿Tomar mucho el Sol es malo?
Si a alguien se le ocurren más lecturas abrimos un debate jaja


 Arriba y abajo cocodrilo en cautividad en una granja de Kaokoland, camino de Etosha.

 Abajo cocodrilo en libertad en el Delta del Okavango, Botsuana



viernes, 4 de octubre de 2013

Tres días y tres noches




Este micro relato lo escribí hace años, cuando estaba en la universidad, y lo he retocado un poquito. Deseo que lo paséis bien, o mal, según se mire:

Yo no estoy loco, estoy completamente seguro. No sé qué pasó, pero no estoy loco. Sólo estoy nervioso, un poco nervioso, sí, porque esta situación me produce inseguridad.
Yo no, no sé lo que ha sucedido realmente, ni si hice algo diferente que me llevara a ésto. Es como si alguien me hubiera elegido para llevar a cabo algún experimento macabro. Todo es extraño, todo es ajeno por completo a mi entendimiento.
Lo que sé con seguridad es que hoy me desperté, me levanté, miré el reloj de la mesita de noche y por la fecha que señalaba llevaba tres días en la cama. Es como si de mi vida se hubieran borrado tres días en los que no hice ni viví nada, como si jamás hubieran transcurrido.
Para mí hace cuatro días fue ayer, y ayer recuerdo perfectamente que me acosté con un terrible dolor de cabeza y que sólo pensaba en descansar sobre el regazo de Alicia, mi esposa, y sentir su pecho cálido latiendo junto a mi sien, aligerando mis cargas y mi dolor con su amor desmedido.
Me dolía la cabeza porque me golpee con no se qué y sólo deseaba tumbarme en la cama mientras ella regresaba haciéndome olvidar esa punzada penetrante. Me recosté sobre la almohada y esperé, y seguí esperando, mas ella no llegaba y al final me quedé dormido.
Creía que durmiendo tres días y tres noches recordaría algo más que un lento paseo por una oscura senda alfombrada de crujientes hojas otoñales que se iban despedazando a mi paso, pero no fue así. Es como si hubiera estado caminando tres días por ese sueño hasta encontrar la forma de despertar, hasta encontrar la salida, cuando el camino se bifurcó y escogí una de las sendas. Entonces desperté y seguía sólo.
Todo estaba como cuando me acosté. Alicia no había dado signos de haber estado en casa durante este tiempo y, no sé, simplemente esperé porque ni hambre tenía para desayunar algo. Con el paso de los minutos caí en la cuenta de que no escuchaba ningún ruido: no había tráfico en la calle, ni los gorriones piaban, ni los perros del vecino ladraban, y bien raro era que a esas horas no estuvieran dando la coña ya. Entonces miré por la ventana y mi ansiedad creció, pues nadie había en la calle: ningún ser vivo se cruzó ante mis ojos; nadie en la acera, ningún vehículo circulando, ninguna ventana moviéndose o ni indicios de vida en el tejado, donde habitualmente se ponen los grajos a estas alturas del año; nada, soledad es todo lo que vi para mi, y empecé a traumarme pensando en la posibilidad de que nunca más volviera a ver a nadie. Salí a la calle y corrí de un lado a otro.
—¿Hola? ¿Hay alguien ahí? —grité. Pero el silencio fue mi respuesta y cuando estuve harto de mi soledad regresé a casa a sabiendas de que ya nunca más vería a nadie. Entonces rompí a llorar como un niño.
Yo no estoy loco, seguro, puesto que puedo razonar a pesar de mis preocupaciones, pero la realidad es que han pasado tres días y tres noches desde ayer y, puesto que no he vivido ese tiempo y estoy aquí, y los demás no, he de suponer que el golpe que me di me ha enviado a un plano diferente, como una especie de universo paralelo en el que vivo tres días por delante de los demás, sí, debe ser que vivo en el futuro.
Pero el caso es que no recuerdo haber perdido el sentido, porque fui capaz de llegar hasta la cama y acostarme. Lo extraño es que no sé por qué me lo di, sólo sé que me dolió intensamente al principio, para irse diluyendo poco a poco. Cuando desperté ya no me dolía ni he visto que tenga morados o hinchazones. No ha quedado ni rastro. Al principio creí que habría tenido algún shock que me hubiera hecho dormir tres días y tres noches y que me desperté una vez que me sentí fuerte y recuperado. Algo así como si hubiera estado conmocionado, o incluso hubiera tenido algún tipo de coma no muy profundo.
Pero lo cierto es que Alicia no me despertó y creo que ni siquiera lo intentó. No obstante dudo que ella me haya abandonado porque me quiere mucho, tanto, que siempre me ha perdonado por mis continuas infidelidades. Ya me había perdonado por mi último desliz, con Carla, la mujer de Luis, su compañero de trabajo. Además, lo último que le escuché decir fue que me amaba ¿Cómo iba a dejarme entonces?
Sin duda debe ser lo que pienso. Estoy en el futuro o todos se han quedado en el pasado, o algo así.
¡Dios! ¡El sexo sí que lo voy a echar de menos! Lo sé, es mi debilidad, pero no lo puedo remediar. Se me da bien conquistar a las mujeres y Alicia lo sabía cuando la conquisté a ella.
Pero ¿Por qué me tiene que pasar a mí? ¿Es por mi dinero? ¿Es por envidia? ¡No lo entiendo! Por alguna razón debo estar condenado a esta soledad, pero ¿Por dinero? Si el mundo está lleno de capullos con dinero peores que yo. Cualquier político o dirigente de cualquier empresa es tan impresentable o más que yo y seguro que no han pasado por esta pesadilla.
Tengo que tranquilizarme y pensar algo porque del mismo modo que llegué a este solar vacío debe haber alguna forma de volver.
Veamos, Si dejo una carta por debajo de la puerta del vecino y mi teoría es cierta, la recibirá dentro de tres días, de modo que podría avisarle de lo que me está pasando.
Espera, no puedo ponerle cualquier cosa, pensará que estoy loco y, yo, yo no estoy loco, creo ¡Ah! Lo pensaré mejor. Iré a la cocina y comeré algo, aunque no tengo hambre todavía, pero tengo que llenar el estómago porque, si no como ni bebo, acabaré enfermando ¡Ay! ¡Malditos nervios! ¡Todo se me cae de las manos!
En fin, espero que Alicia haya comprado comida para tres días o tendré poco para elegir. Sí, hubo suerte y ese jamón tiene muy buena pinta. Cortaré un poco. Veamos donde dejé el cuchillo…
Un momento ¿Y este martillo? ¿Qué hace con los cuchillos? Está, está manchado de sangre reseca…
¡Ahora lo recuerdo! Ella, el golpe… ¡No! ¡No! ¡No puede ser! ¡No puedo estar muerto! ¡Tengo miedo!