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miércoles, 25 de febrero de 2015

Recordarlas siempre

Hoy hace un año que se fue uno de los mejores guitarristas de siempre. Con sus dedos convirtió la magia en sonido y cada sonido en poesía. La dulce melodía de sus notas acompasadas suavemente en su guitarra a todos nos embelesó más de una vez y nos hizo soñar...
Se fue, quizá antes de lo que debía, pero su leyenda perdurará mientras nosotros sigamos escuchandole con el corazón y hoy que siento deseos de bailar como antaño al mismo ritmo de otro latido que me salve de mi mismo quiero besar tus notas con mis palabras...
Y recordarlas siempre, maestro.
Gracias, Paco de Lucía

viernes, 30 de enero de 2015

Paseando por las tierras de Morfeo

Ya era tarde y Zoe había perdido el último autobús, así que decidió caminar hasta casa.
Había trabajado mucho aquel día porque su jefe estaba de vacaciones y muchos clientes deseaban cerrar sus tratos para sus respectivas representaciones en sus juicios. No se podía postergar todo ese papeleo, ya se sabe, ave que vuela... 
Zoe era una experimentada abogada con siete años de exitosa carrera ganando casos, también perdió alguno, naturalmente, pero si algo llevaba mal de su trabajo era el papeleo. Era una camicace del estrado, la reina de la elocuencia, pero el trabajo de oficina le producía dolor de cabeza. Por eso, y no por otra causa, no le importó recorrer las tres millas que separaban la oficina de su casa.
Respiró el aire fresco de la noche y nada de lo sucedido importó ya. Sólo tenía pensamientos para el camino que debía recorrer en la noche sin más luz que la tenue iluminación de las farolas de la vieja ciudad, sentir el vaho que expelía su boca al soltar el aire, y sus pies:
-El próxima día, debería meter unas zapatillas de deporte en una mochila y así no tendría que caminar con estos tacones tan altos -se dijo así misma mientras caminaba, pero esa noche ya no podía remediar el problema y trató de pensar en algo más agradable.
Entonces, un hombre de larga barba sucia y descuidada con aspecto enfermizo y muy chupado por la falta de alimentación apareció de la nada y le dijo, mientras levantaba un cuchillo:
-¡La bolsa o la vida!
Por un instante el mundo se paró.
El pánico la consumió en segundos eternos pero, después, pudo recuperar la calma, respiró profundamente antes de dar el paso siguiente, y empezó a hablar:
-No tengo claro que decir, señor, porque si digo bolsa, usted me puede matar interpretando que prefiero mi bolsa en vez de vivir, pero si digo vida, también me puede matar porque puede usted interpretar que prefiero que se lleve mi vida, de modo que tengo miedo a decir algo que me puede perjudicar. Sería mejor que me especificase de forma precisa lo que tengo que decir o hacer.
El ratero la observó absolutamente estupefacto ante el razonamiento tan extraño que la víctima del robo acababa de realizar y, después de pensar unos instantes que a Zoe le resultaron interminables, dijo al fin con gran desolación:
-¡Mierda! Nadie me entiende. Por eso me dejó mi mujer ¡Maldición! Esa maldita embaucadora a la que aún amo se fugó con el cartero y no puedo dejar de echarla de menos.
Entonces, Zoe observó la cara del atracador más detenidamente pero... El despertador sonó.
Seguía en la cama tratando de desperezarse al tiempo que trataba de comprender el extraño sueño que acababa de tener. Miró a su lado, donde su marido aún retozaba como un oso terminando su hibernación y, al darse la vuelta, pudo ver su rostro sonriente mientras abría los ojos y decía:
-Buenos días, Zoe -y el atracador de su sueño la besó con dulzura en los labios.
Ella sintió la culpa de sus actos, y le respondió con timidez, con pena.
-Buenos días.
Fue entonces cuando decidió poner fin a su relación con el cartero, antes de que llegara a más, y tratar de encontrar la verdadera razón por la que no comprendía últimamente a su esposo ¿Era él o la necesidad de romper con la rutina? Siempre le había amado y ahora, ahora le parecía que sólo vivía, pero cuando parecía que todo se iba a terminar sintió un fuerte dolor en el pecho ante la idea de echar a perder su relación. Dejar a quien siempre pensó que sería el hombre de su vida...
Sí, la maldita rutina la había llevado a un callejón del que no sabía salir y su mente la había avisado de que sus actos no sólo tendrían consecuencias para ella. 
-Carl, tengo que hablar contigo -y el dialogo comenzó.

domingo, 18 de enero de 2015

Piloto

Los recuerdos de mi vida son claros, como el agua limpia de un manantial que permite escudriñar en su lecho los más insignificantes guijarros o cantos rodados y, sin embargo, a penas tengo memoria sobre aquella tormenta.
Recuerdo el golpeteo de las olas en el casco, la oscuridad de la noche y una sombra espectral revelada al trasluz de los relámpagos, la figura del navío que nos perseguía desde que dejamos tierra firme con el cargamento, millas atrás, y por momentos se abalanzaba sobre nosotros, tan sólo esperando al final de la tormenta para abordarnos.
—Corramos el temporal —escuché gritar al capitán—, señor Orwell. Siga el curso del viento y tratemos de poner distancia de por medio.
Pero aquella fragata de bandera negra no estaba dispuesta a perder la preciada carga humana que portaba nuestra balandra para venderla en Cartagena de Indias, la esclavitud es un negocio demasiado fructífero.
Yo llevaba ya dos días con el estomago del revés cuando sucedió aquello. Por eso no recuerdo gran cosa, pues la enfermedad del mar provoca fiebres, nauseas y todo tipo de efectos secundarios que no quisiera describir a gentes refinadas. Sí recuerdo, sin embargo, que durante el trayecto nos vimos obligados a tirar algunos caballos al mar por miedo a hundirnos. Lo habitual hubiera sido tirar a los negros más débiles, pero su valor era demasiado alto en el mercado como para prescindir de ellos y aquellos caballos no eran más que percherones. Pero ya no importa mucho. Escuché un fuerte chasquido, como si el barco se estuviera partiendo por la mitad y algo debió golpearme porque ya no sentí nada más.
Y la vida que conocía desapareció cuando recuperé el sentido en la arena. Era el 2 de agosto de 1730. Estaba encadenada y rodeada por los negros que mi esposo había comprado diez días atrás. Asustada, dolorida, desconcertada.
-¿Qué ha pasado? –me pregunté, pero nadie allí hablaba mi lengua. Busqué a John con la mirada, más no lo hallé. Sólo los restos de una ballena a unos cuantos metros, también lo que quedaba de la balandra, la Estrella del Rey, y algunos tripulantes flotando boca abajo sin hacer ademán de levantarse cuando las olas los golpeaban con violencia. Sin tiempo para caer en la cuenta de la delicada situación en la que estaba sólo pude pensar que le daría un bofetón a mi marido por haberme metido en aquel embrollo. No pensé que hubiera muerto. Que todos estuvieran muertos y que, en realidad, yo era la única superviviente. Yo, y la carga que ahora me esclavizaba. Me pregunté si no sería mejor que los piratas nos hubieran capturado.
Ni siquiera sabía dónde estaba. Bueno, sí. En algún lugar de África austral donde no había de pasarme nada bueno.
TO BE CONTINUED

jueves, 15 de enero de 2015

Fallo en Matrix

Hoy he vuelto a pasar por delante de la puerta del Alimerka en la que se apuesta un sudamericano para pedir limosna.
He visto frente a esa puerta gente pidiendo para el viaje de vuelta a su país, gente bien vestida que se tapa la cara para pedir, alguna que otra mujer. Pero desde hace varias semanas, quizá meses, no lo recuerdo bien, está ahí este chaval.
Cada día que paso por allí me dice: Buenos días, señor, y me clava una daga con su educación.
Al principio se sentaba en el suelo, el suelo frio de León en el que se ha pasado todas las Navidades pidiendo por las mañanas. Hace unos días observé que ahora ya se llevaba una banqueta. Incluso hoy ya directamente estaba en la puerta de salida del supermercado, resguardado en la esquina de la entrada de los tres grados bajo cero que marcaba mi móvil cuando salí.
Últimamente me pregunto, si le doy dinero durante cuanto tiempo podría hacerlo, o si a todo el barrio le está sucediendo como a mí, que a veces me dan ganas de decirle, ven, te invito a un te caliente, por ejemplo, aunque el problema es que mañana va a seguir allí y me miraría esperando que en cualquier momento lo vuelva a hacer. Sin embargo me inspira compasión y ha despertado en mi la necesidad de escribir algo más comprometido con la humanidad. Es duro ver a alguien pidiendo, pero ver a la misma persona dia tras dia y saber que no es un colgaillo que te pide una libra pa liarse un canuto, y no hacer nada... Personalmente me trastoca, me hace pensar y me aliena. Quizá por eso será el protagonista de algún relato que aún se está dibujando en mi mente... Quizá la publique en internet y vaya con él a pachas con los cuatro duros que saque, ejem, no lo veo. Lo más realista sería sacarle una foto de cuando en cuando y pagarle por posar para mi. Al menos así los dos tendríamos algo que sacar de este fallo en matrix. Mañana seguiré al conejo...

jueves, 5 de junio de 2014

LA MEZQUINDAD DE LOS DIOSES



Hubo un tiempo en que los dioses paseaban entre nosotros y como nosotros tenían defectos, muy feos por cierto, por lo que Odiseo llegaría a plantarles cara, molesto de que se inmiscuyeran en los asuntos de los hombres, interviniendo en su favor o en su contra según sus intereses ladinos. Pero volvamos atrás y recordemos cómo fue el principio de aquel tinglado.
Todo comenzó con una de aquellas grandes fiestas que los dioses celebraban en el Olimpo, una boda entre una diosa y un humano, Tetis y Peleo. Y como en todas las bodas, la lista de invitados no incluía algunas divinidades consideradas lesivas por su carácter maléfico.
Cuando la maléfica diosa de la discordia, Eris, familiar del mismo Zeus, supo que le habían dado la espalda, se presentó muy enojada al evento dispuesta a tirarlo todo por tierra. Primero maldijo el fruto del matrimonio, que moriría en la guerra y, después, ofreció como trofeo una manzana dorada a la diosa que fuera más bella.
Esto llevó a la riña a tres de las invitadas, las tres gracias, que se disputaban el galardón: Hera, Afrodita y Atenea. Como Zeus no estaba dispuesto a mediar en esta disputa, pues eran su mujer y dos de sus hijas, decidió poner por juez a un joven mortal que, según decían, era el más bello humano, el hijo menor del rey de Troya, Paris.
Las tres diosas trataron de sobornarle: Hera le ofreció poder, Atenea destreza en el manejo de las armas y Afrodita el amor de la más hermosa mujer de la tierra, la bella Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. El joven no pudo resistirse a sus encantos y cayó enamorado de la mujer, por lo que eligió a la diosa del amor como la más hermosa, ganándose la enemistad de las otras diosas.
Paris raptó a Helena, que había caído rendida a los hechizos amorosos de Afrodita, y seguro que también a alguno de los encantos del troyano. Claro, Menelao estaba muy enfadado, y con el apoyo de las vengativas diosas Hera y Atenea, reunió a las tropas griegas para que conquistara Troya y recuperara lo que era suyo. Y así empezó la larga guerra que Eris había augurado.
Tetis, mientras tanto, había tenido un hijo que recibió por nombre Aquiles y, para evitar que muriera en la guerra que llegaría tarde o temprano, le metió en la laguna Estigia, cuyas aguas producían la inmortalidad. Sin embargo, para meter al bebé en el agua sin que se escurriera le cogió por el talón, y sólo aquella pequeña parte de su cuerpo quedó sin el baño inmortal, el talón de Aquiles, que sería a la postre su perdición.
Aquiles murió, como Héctor, domador de caballos, y Menelao, también Agamenón y muchos otros. Quedó Odiseo vivo y harto, enfadado con los dioses por haberles manejado a su antojo, alejándoles de su hogar donde residía su felicidad. Como castigo, encima, fue condenado a vagar de isla en isla sin poder regresar durante décadas, como si fuera un español cualquiera que al encender la televisión viera día tras día lo que hacen con su vida los políticos. Porque esto, efectivamente, es una historia de manipulaciones e intrigas, más que de seres virtuosos con poderes legítimos. Porque al final, la mitología griega sigue siendo una explicación válida para el mundo que vivimos.

domingo, 4 de mayo de 2014

OHIO

Hoy, 4 de mayo, es el aniversario de la masacre de la Universidad Estatal de Kent, en Ohio.
El 30 de abril el presidente Nixon había anunciado la entrada de sus tropas en Camboya, extendiendo así la guerra de Vietnam al país vecino.
Anteriormente, en 1969 la indignación popular había crecido después de que las imágenes de matanza de My Lai dieran la vuelta al mundo, y como causa última de la preocupación creciente de los estudiantes, se había producido el primer sorteo para el reclutamiento en las tropas desde la Segunda Guerra Mundial.
Nixon, que había prometido terminar con la guerra en 1968, para salir elegido presidente, lejos de cumplir su palabra alargaba el conflicto con sus decisiones.
Así estallaron las revueltas estudiantiles a lo largo de todo el país en respuesta a la gestión de la administración de Nixon.
En la Universidad de Kent las manifestaciones empezaron el día 1. 
Después de que el alcalde declarase el estado de emergencia entró en escena la Guardia Nacional. 
Por la noche del día 2, al entrar en vigor el toque de queda empezaron los enfrentamientos al no retirarse los estudiantes. Se produjeron detenciones, se usó gas lacrimógeno y un estudiante fue herido por una bayoneta.
El día 3 había mil efectivos de la Guardia Nacional. Con la indignación de los sucesos de la noche anterior, los estudiantes se enfrentaron a los militares hiriendo a diez, a cambio de que algunos estudiantes recibieran heridas por bayoneta.
La manifestación del día 4, que había sido desconvocada por los representantes universitarios, concentró a más de dos mil estudiantes.
Un agente de policía se acercó en un jeep a los estudiantes para advertirles de que serían detenidos si continuaban. Fue recibido a pedradas. Uno de los acompañantes del policía en el automóvil fue herido y se alejaron.
A medio día volvió la Guardia Nacional y lanzó el gas lacrimógeno. Los estudiantes los devolvieron obligando a la guardia a ponerse las mascarillas. Viendo que los manifestantes no iban a retirarse, 77 hombres de la Guardia Nacional avanzaron con sus armas con las bayonetas caladas apuntando a los manifestantes.
Hubo cuatro muertos:
Allison Krause, Jeffrey Glen Miller, Sandra Lee Scheuer y William Knox Schroeder.
Cinco días después cien mil personas se manifestaron en Washington. En la Universidad de Nueva York una gran pancarta rezaba: no podrán matarnos a todos.
Las imágenes de estas muertes dieron la vuelta al mundo y la presión contra Nixon para que terminara con el conflicto aumentó.
Quisiera rendir este pequeño homenaje a aquellos estudiantes, recordándolos y poniendo esta canción que se compuso en su honor: Ohio, de Crosby, Stills, Nash & Young
https://www.youtube.com/watch?v=hkg-bzTHeAk

miércoles, 26 de febrero de 2014

El Glorioso

Don Pedro Mesía de la Cerda era un infante cuando sobrevivió al desastre de Passaro.
Quién lo iba a decir, que aquel Guardamarina que sobrevivió a la carnicería del San Felipe, el Real, descrita en El Monje de Hierro, se convertiría en Teniente General de la Real Armada y Virrey de Nueva Granada años después. 
Todo un héroe de nuestra patria que, sin embargo, ha caído en el olvido del común, ya que hoy en día parece ser que es malo sentirse español y cantar las gestas de grandes hombres que bajo nuestra bandera sangraron, y por ello se prefiere mirar a otro lado antes que reconocer que, en realidad, este país está lleno de héroes y que los necesitamos hoy más que nunca, aunque sean anónimos.

Corría 1747, durante la Guerra de Asiento, también llamada de la Oreja de Jenkins, cuando se le ordenó a Don Pedro, quien por entonces ya era Capitán de Navío, regresar a España desde América a bordo de El Glorioso, transportando cuatro millones de pesos de plata. Al principio el viaje fue tranquilo, pero no habría de serlo siempre, pues los ingleses conocían la existencia de este tesoro y no estaban dispuestos a permitir que España se nutriera de él regenerando las arcas del Rey Católico.
El 25 de julio el Glorioso encontró en su carrera hacia España la presencia de diez buques ingleses entre los que había tres de guerra: el Warwick de 60 cañones y la fragata Lark, de 40, además de un bergantín de 20.
Comenzó la persecución. El navío español, de 70 cañones se mantuvo a barlovento para proteger la carga mientras que el bergantín, más rápido, se acercaba y lanzaba su primera andana contra la popa a eso de las 9 de la noche.
Sabiendo que era un riesgo hacer frente a los tres buques don Pedro decidió transportar cuatro cañones de gran potencia a la popa y de este modo impidió que el bergantín se acercara demasiado ante los disparos amenazadores del navío español.
Un intercambio de golpes poco certeros se produjo durante toda la noche entre los dos navíos, pero la cosa se complicó a partir de la mañana siguiente, cuando los otros dos se unieron a la fiesta y el bergantín se alejó para proteger a los siete mercantes que estaban escoltando los buques de guerra.
A medio día llovió y el glorioso quedó sin viento a favor, de modo que se volvió hacia estribor para presentar batalla. El Lark sufrió duros cañonazos que le dejaron muy dañado el casco y el aparejo.
Entonces viró en redondo el navío español para disparar al Warwik, que ya le estaba tomando la distancia para disparar. Hacia las 2 de la noche comenzó el combate. Tras hora y media de andanadas el navío inglés quedó sin el palo mayor, viendose obligado a la retirada.
El navío español había sufrido 5 bajas y 44 heridos, algunos daños en el aparejo y en el casco, y de la Cerda sabía que podría haber vencido al navío inglés de perseguirle, pero temiendo la presencia de más navíos ingleses en la zona decidió continuar pensando en el bien del cargamento y de sus hombres.
Algunos daños fueron reparados de camino a España, otros necesitaban ser reparados en un puerto y aún le quedaba un buen trecho para llegar a Galicia.
El 14 de agosto se topó con tres navíos ingleses: el Oxford, de 50 cañones, la fragata Shoreham y el bergantín Falcon, de la escuadra de John Byng, a quien de la Cerda recordaba de Passaro.
Después de tres horas puso en fuga a los ingleses. Perdió el bauprés y a 9 hombres más, pero consiguió llegar a Corcubión dos días después dejando el cargamento a salvo. 
Después de los arreglos más imprescindibles De la Cerda salió para El Ferrol, pero los vientos contrarios le obligaron a poner rumbo a Cádiz tratando de alejarse de Portugal para no encontrarse con los navíos ingleses que patruyaban aquellas aguas.
El 17 de octubre se encontró con cuatro fragatas corsarias en las proximidades del Cabo San Vicente. El buque español los mantuvo a raya causándoles fuertes daños. Un quinto navío se unió a la fiesta, el Darmouth, de 50 cañones, y de nuevo se inició un duro combate que sólo terminó cuando la santabárbara inglesa saltó por los aires por los cañonazos españoles, muriendo en la deflagración el capitán y 325 hombres. Tan sólo 11 marineros y un teniente sobrevivieron al naufragio. 
La fragata King George también quedó inutilizada y las otras tres fragatas continuaron persiguiendo al navío español, que seguía su rumbo hacia Cádiz, pero al día siguiente la Russell de 80 cañones, también se unió al combate y entre los cuatro navíos acribillaron al Glorioso, que aguantó toda la noche, infringiendo daños a los ingleses, hasta que al amanecer del día 19, ya sin munición, desarbolado, a medio hundirse y con 33 muertos y 120 heridos, Pedro Mesia de la Cerda rindió la nave viendo imposible la defensa.
Fueron llevados a Lisboa donde el Glorioso fue inspeccionado para unirlo a la Armada Inglesa, pero tantos daños tenía que tuvieron que desguazarlo. Los españoles apresados fueron a Londres, donde fueron tratados con honor y admiración, mientras que muchos de los capitanes ingleses fueron expulsados de la Armada acusados de incompetentes.
A su vuelta a España De la Cerda fue ascendido y los marineros españoles recibieron el merecido reconocimiento.
Y ahora, decidme. Después de todo ésto ¿Realmente os parece heroico lo de la película Master and Commander? 
Bien merece una película el Glorioso, historia pura de nuestra Armada, un navío de héroes que nadie debería olvidar. Un recuerdo para ellos, nuestros héroes.