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miércoles, 29 de abril de 2015

El 0,11 por ciento


A veces pasan cosas así. En cualquier momento, en cualquier lugar,

alguien piensa. Un día quiso a otra persona. Un día... Ahora ningunea todo lo que pasaron juntos.

No fue nada. Sólo un suspiro en su vida. En tantos años sólo convivieron ¿Medio, quizá? Eso significa, como el 1 por ciento de su vida, más o menos. A eso descuenta el tiempo que sólo durmió y el que trabajó. Entonces el porcentaje se queda en un patético 0,33. Ridículo.
Después, quizá podría quitarle el tiempo de aseo cuando no se duchaban juntos, el de comer cuando esperaba en el turno partido en el trabajo, el de excursiones o juergas con otra peña... Cuando discutian... Todo el tiempo que estuvieron juntos y fueron felices se reduce a un 0,11 por ciento de su vida, y bajando. Un peso insignificante.
Si sigue analizando su vida desde un punto de vista matemático llega a la conclusión de que el porcentaje de tiempo que ha pasado en su vida con otras personas es mucho mayor del 0,11 que pasó en aquel tiempo con aquella persona a quien quiso.
Por lo tanto esa es la importancia que tiene el amor de alguien en su vida... El 0,11 por ciento... No merece más que un suspiro...
Sin embargo, alguien lleva 10 años ninguneando aquellos seis meses... El 20℅ de su vida, y no se lo quita de la cabeza. Aquel maldito 0,11 por ciento que perdió y no volvió.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Recordarlas siempre

Hoy hace un año que se fue uno de los mejores guitarristas de siempre. Con sus dedos convirtió la magia en sonido y cada sonido en poesía. La dulce melodía de sus notas acompasadas suavemente en su guitarra a todos nos embelesó más de una vez y nos hizo soñar...
Se fue, quizá antes de lo que debía, pero su leyenda perdurará mientras nosotros sigamos escuchandole con el corazón y hoy que siento deseos de bailar como antaño al mismo ritmo de otro latido que me salve de mi mismo quiero besar tus notas con mis palabras...
Y recordarlas siempre, maestro.
Gracias, Paco de Lucía

viernes, 30 de enero de 2015

Paseando por las tierras de Morfeo

Ya era tarde y Zoe había perdido el último autobús, así que decidió caminar hasta casa.
Había trabajado mucho aquel día porque su jefe estaba de vacaciones y muchos clientes deseaban cerrar sus tratos para sus respectivas representaciones en sus juicios. No se podía postergar todo ese papeleo, ya se sabe, ave que vuela... 
Zoe era una experimentada abogada con siete años de exitosa carrera ganando casos, también perdió alguno, naturalmente, pero si algo llevaba mal de su trabajo era el papeleo. Era una camicace del estrado, la reina de la elocuencia, pero el trabajo de oficina le producía dolor de cabeza. Por eso, y no por otra causa, no le importó recorrer las tres millas que separaban la oficina de su casa.
Respiró el aire fresco de la noche y nada de lo sucedido importó ya. Sólo tenía pensamientos para el camino que debía recorrer en la noche sin más luz que la tenue iluminación de las farolas de la vieja ciudad, sentir el vaho que expelía su boca al soltar el aire, y sus pies:
-El próxima día, debería meter unas zapatillas de deporte en una mochila y así no tendría que caminar con estos tacones tan altos -se dijo así misma mientras caminaba, pero esa noche ya no podía remediar el problema y trató de pensar en algo más agradable.
Entonces, un hombre de larga barba sucia y descuidada con aspecto enfermizo y muy chupado por la falta de alimentación apareció de la nada y le dijo, mientras levantaba un cuchillo:
-¡La bolsa o la vida!
Por un instante el mundo se paró.
El pánico la consumió en segundos eternos pero, después, pudo recuperar la calma, respiró profundamente antes de dar el paso siguiente, y empezó a hablar:
-No tengo claro que decir, señor, porque si digo bolsa, usted me puede matar interpretando que prefiero mi bolsa en vez de vivir, pero si digo vida, también me puede matar porque puede usted interpretar que prefiero que se lleve mi vida, de modo que tengo miedo a decir algo que me puede perjudicar. Sería mejor que me especificase de forma precisa lo que tengo que decir o hacer.
El ratero la observó absolutamente estupefacto ante el razonamiento tan extraño que la víctima del robo acababa de realizar y, después de pensar unos instantes que a Zoe le resultaron interminables, dijo al fin con gran desolación:
-¡Mierda! Nadie me entiende. Por eso me dejó mi mujer ¡Maldición! Esa maldita embaucadora a la que aún amo se fugó con el cartero y no puedo dejar de echarla de menos.
Entonces, Zoe observó la cara del atracador más detenidamente pero... El despertador sonó.
Seguía en la cama tratando de desperezarse al tiempo que trataba de comprender el extraño sueño que acababa de tener. Miró a su lado, donde su marido aún retozaba como un oso terminando su hibernación y, al darse la vuelta, pudo ver su rostro sonriente mientras abría los ojos y decía:
-Buenos días, Zoe -y el atracador de su sueño la besó con dulzura en los labios.
Ella sintió la culpa de sus actos, y le respondió con timidez, con pena.
-Buenos días.
Fue entonces cuando decidió poner fin a su relación con el cartero, antes de que llegara a más, y tratar de encontrar la verdadera razón por la que no comprendía últimamente a su esposo ¿Era él o la necesidad de romper con la rutina? Siempre le había amado y ahora, ahora le parecía que sólo vivía, pero cuando parecía que todo se iba a terminar sintió un fuerte dolor en el pecho ante la idea de echar a perder su relación. Dejar a quien siempre pensó que sería el hombre de su vida...
Sí, la maldita rutina la había llevado a un callejón del que no sabía salir y su mente la había avisado de que sus actos no sólo tendrían consecuencias para ella. 
-Carl, tengo que hablar contigo -y el dialogo comenzó.

domingo, 18 de enero de 2015

Piloto

Los recuerdos de mi vida son claros, como el agua limpia de un manantial que permite escudriñar en su lecho los más insignificantes guijarros o cantos rodados y, sin embargo, a penas tengo memoria sobre aquella tormenta.
Recuerdo el golpeteo de las olas en el casco, la oscuridad de la noche y una sombra espectral revelada al trasluz de los relámpagos, la figura del navío que nos perseguía desde que dejamos tierra firme con el cargamento, millas atrás, y por momentos se abalanzaba sobre nosotros, tan sólo esperando al final de la tormenta para abordarnos.
—Corramos el temporal —escuché gritar al capitán—, señor Orwell. Siga el curso del viento y tratemos de poner distancia de por medio.
Pero aquella fragata de bandera negra no estaba dispuesta a perder la preciada carga humana que portaba nuestra balandra para venderla en Cartagena de Indias, la esclavitud es un negocio demasiado fructífero.
Yo llevaba ya dos días con el estomago del revés cuando sucedió aquello. Por eso no recuerdo gran cosa, pues la enfermedad del mar provoca fiebres, nauseas y todo tipo de efectos secundarios que no quisiera describir a gentes refinadas. Sí recuerdo, sin embargo, que durante el trayecto nos vimos obligados a tirar algunos caballos al mar por miedo a hundirnos. Lo habitual hubiera sido tirar a los negros más débiles, pero su valor era demasiado alto en el mercado como para prescindir de ellos y aquellos caballos no eran más que percherones. Pero ya no importa mucho. Escuché un fuerte chasquido, como si el barco se estuviera partiendo por la mitad y algo debió golpearme porque ya no sentí nada más.
Y la vida que conocía desapareció cuando recuperé el sentido en la arena. Era el 2 de agosto de 1730. Estaba encadenada y rodeada por los negros que mi esposo había comprado diez días atrás. Asustada, dolorida, desconcertada.
-¿Qué ha pasado? –me pregunté, pero nadie allí hablaba mi lengua. Busqué a John con la mirada, más no lo hallé. Sólo los restos de una ballena a unos cuantos metros, también lo que quedaba de la balandra, la Estrella del Rey, y algunos tripulantes flotando boca abajo sin hacer ademán de levantarse cuando las olas los golpeaban con violencia. Sin tiempo para caer en la cuenta de la delicada situación en la que estaba sólo pude pensar que le daría un bofetón a mi marido por haberme metido en aquel embrollo. No pensé que hubiera muerto. Que todos estuvieran muertos y que, en realidad, yo era la única superviviente. Yo, y la carga que ahora me esclavizaba. Me pregunté si no sería mejor que los piratas nos hubieran capturado.
Ni siquiera sabía dónde estaba. Bueno, sí. En algún lugar de África austral donde no había de pasarme nada bueno.
TO BE CONTINUED

jueves, 15 de enero de 2015

Fallo en Matrix

Hoy he vuelto a pasar por delante de la puerta del Alimerka en la que se apuesta un sudamericano para pedir limosna.
He visto frente a esa puerta gente pidiendo para el viaje de vuelta a su país, gente bien vestida que se tapa la cara para pedir, alguna que otra mujer. Pero desde hace varias semanas, quizá meses, no lo recuerdo bien, está ahí este chaval.
Cada día que paso por allí me dice: Buenos días, señor, y me clava una daga con su educación.
Al principio se sentaba en el suelo, el suelo frio de León en el que se ha pasado todas las Navidades pidiendo por las mañanas. Hace unos días observé que ahora ya se llevaba una banqueta. Incluso hoy ya directamente estaba en la puerta de salida del supermercado, resguardado en la esquina de la entrada de los tres grados bajo cero que marcaba mi móvil cuando salí.
Últimamente me pregunto, si le doy dinero durante cuanto tiempo podría hacerlo, o si a todo el barrio le está sucediendo como a mí, que a veces me dan ganas de decirle, ven, te invito a un te caliente, por ejemplo, aunque el problema es que mañana va a seguir allí y me miraría esperando que en cualquier momento lo vuelva a hacer. Sin embargo me inspira compasión y ha despertado en mi la necesidad de escribir algo más comprometido con la humanidad. Es duro ver a alguien pidiendo, pero ver a la misma persona dia tras dia y saber que no es un colgaillo que te pide una libra pa liarse un canuto, y no hacer nada... Personalmente me trastoca, me hace pensar y me aliena. Quizá por eso será el protagonista de algún relato que aún se está dibujando en mi mente... Quizá la publique en internet y vaya con él a pachas con los cuatro duros que saque, ejem, no lo veo. Lo más realista sería sacarle una foto de cuando en cuando y pagarle por posar para mi. Al menos así los dos tendríamos algo que sacar de este fallo en matrix. Mañana seguiré al conejo...

jueves, 5 de junio de 2014

LA MEZQUINDAD DE LOS DIOSES



Hubo un tiempo en que los dioses paseaban entre nosotros y como nosotros tenían defectos, muy feos por cierto, por lo que Odiseo llegaría a plantarles cara, molesto de que se inmiscuyeran en los asuntos de los hombres, interviniendo en su favor o en su contra según sus intereses ladinos. Pero volvamos atrás y recordemos cómo fue el principio de aquel tinglado.
Todo comenzó con una de aquellas grandes fiestas que los dioses celebraban en el Olimpo, una boda entre una diosa y un humano, Tetis y Peleo. Y como en todas las bodas, la lista de invitados no incluía algunas divinidades consideradas lesivas por su carácter maléfico.
Cuando la maléfica diosa de la discordia, Eris, familiar del mismo Zeus, supo que le habían dado la espalda, se presentó muy enojada al evento dispuesta a tirarlo todo por tierra. Primero maldijo el fruto del matrimonio, que moriría en la guerra y, después, ofreció como trofeo una manzana dorada a la diosa que fuera más bella.
Esto llevó a la riña a tres de las invitadas, las tres gracias, que se disputaban el galardón: Hera, Afrodita y Atenea. Como Zeus no estaba dispuesto a mediar en esta disputa, pues eran su mujer y dos de sus hijas, decidió poner por juez a un joven mortal que, según decían, era el más bello humano, el hijo menor del rey de Troya, Paris.
Las tres diosas trataron de sobornarle: Hera le ofreció poder, Atenea destreza en el manejo de las armas y Afrodita el amor de la más hermosa mujer de la tierra, la bella Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. El joven no pudo resistirse a sus encantos y cayó enamorado de la mujer, por lo que eligió a la diosa del amor como la más hermosa, ganándose la enemistad de las otras diosas.
Paris raptó a Helena, que había caído rendida a los hechizos amorosos de Afrodita, y seguro que también a alguno de los encantos del troyano. Claro, Menelao estaba muy enfadado, y con el apoyo de las vengativas diosas Hera y Atenea, reunió a las tropas griegas para que conquistara Troya y recuperara lo que era suyo. Y así empezó la larga guerra que Eris había augurado.
Tetis, mientras tanto, había tenido un hijo que recibió por nombre Aquiles y, para evitar que muriera en la guerra que llegaría tarde o temprano, le metió en la laguna Estigia, cuyas aguas producían la inmortalidad. Sin embargo, para meter al bebé en el agua sin que se escurriera le cogió por el talón, y sólo aquella pequeña parte de su cuerpo quedó sin el baño inmortal, el talón de Aquiles, que sería a la postre su perdición.
Aquiles murió, como Héctor, domador de caballos, y Menelao, también Agamenón y muchos otros. Quedó Odiseo vivo y harto, enfadado con los dioses por haberles manejado a su antojo, alejándoles de su hogar donde residía su felicidad. Como castigo, encima, fue condenado a vagar de isla en isla sin poder regresar durante décadas, como si fuera un español cualquiera que al encender la televisión viera día tras día lo que hacen con su vida los políticos. Porque esto, efectivamente, es una historia de manipulaciones e intrigas, más que de seres virtuosos con poderes legítimos. Porque al final, la mitología griega sigue siendo una explicación válida para el mundo que vivimos.

domingo, 4 de mayo de 2014

OHIO

Hoy, 4 de mayo, es el aniversario de la masacre de la Universidad Estatal de Kent, en Ohio.
El 30 de abril el presidente Nixon había anunciado la entrada de sus tropas en Camboya, extendiendo así la guerra de Vietnam al país vecino.
Anteriormente, en 1969 la indignación popular había crecido después de que las imágenes de matanza de My Lai dieran la vuelta al mundo, y como causa última de la preocupación creciente de los estudiantes, se había producido el primer sorteo para el reclutamiento en las tropas desde la Segunda Guerra Mundial.
Nixon, que había prometido terminar con la guerra en 1968, para salir elegido presidente, lejos de cumplir su palabra alargaba el conflicto con sus decisiones.
Así estallaron las revueltas estudiantiles a lo largo de todo el país en respuesta a la gestión de la administración de Nixon.
En la Universidad de Kent las manifestaciones empezaron el día 1. 
Después de que el alcalde declarase el estado de emergencia entró en escena la Guardia Nacional. 
Por la noche del día 2, al entrar en vigor el toque de queda empezaron los enfrentamientos al no retirarse los estudiantes. Se produjeron detenciones, se usó gas lacrimógeno y un estudiante fue herido por una bayoneta.
El día 3 había mil efectivos de la Guardia Nacional. Con la indignación de los sucesos de la noche anterior, los estudiantes se enfrentaron a los militares hiriendo a diez, a cambio de que algunos estudiantes recibieran heridas por bayoneta.
La manifestación del día 4, que había sido desconvocada por los representantes universitarios, concentró a más de dos mil estudiantes.
Un agente de policía se acercó en un jeep a los estudiantes para advertirles de que serían detenidos si continuaban. Fue recibido a pedradas. Uno de los acompañantes del policía en el automóvil fue herido y se alejaron.
A medio día volvió la Guardia Nacional y lanzó el gas lacrimógeno. Los estudiantes los devolvieron obligando a la guardia a ponerse las mascarillas. Viendo que los manifestantes no iban a retirarse, 77 hombres de la Guardia Nacional avanzaron con sus armas con las bayonetas caladas apuntando a los manifestantes.
Hubo cuatro muertos:
Allison Krause, Jeffrey Glen Miller, Sandra Lee Scheuer y William Knox Schroeder.
Cinco días después cien mil personas se manifestaron en Washington. En la Universidad de Nueva York una gran pancarta rezaba: no podrán matarnos a todos.
Las imágenes de estas muertes dieron la vuelta al mundo y la presión contra Nixon para que terminara con el conflicto aumentó.
Quisiera rendir este pequeño homenaje a aquellos estudiantes, recordándolos y poniendo esta canción que se compuso en su honor: Ohio, de Crosby, Stills, Nash & Young
https://www.youtube.com/watch?v=hkg-bzTHeAk