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domingo, 18 de enero de 2015

Piloto

Los recuerdos de mi vida son claros, como el agua limpia de un manantial que permite escudriñar en su lecho los más insignificantes guijarros o cantos rodados y, sin embargo, a penas tengo memoria sobre aquella tormenta.
Recuerdo el golpeteo de las olas en el casco, la oscuridad de la noche y una sombra espectral revelada al trasluz de los relámpagos, la figura del navío que nos perseguía desde que dejamos tierra firme con el cargamento, millas atrás, y por momentos se abalanzaba sobre nosotros, tan sólo esperando al final de la tormenta para abordarnos.
—Corramos el temporal —escuché gritar al capitán—, señor Orwell. Siga el curso del viento y tratemos de poner distancia de por medio.
Pero aquella fragata de bandera negra no estaba dispuesta a perder la preciada carga humana que portaba nuestra balandra para venderla en Cartagena de Indias, la esclavitud es un negocio demasiado fructífero.
Yo llevaba ya dos días con el estomago del revés cuando sucedió aquello. Por eso no recuerdo gran cosa, pues la enfermedad del mar provoca fiebres, nauseas y todo tipo de efectos secundarios que no quisiera describir a gentes refinadas. Sí recuerdo, sin embargo, que durante el trayecto nos vimos obligados a tirar algunos caballos al mar por miedo a hundirnos. Lo habitual hubiera sido tirar a los negros más débiles, pero su valor era demasiado alto en el mercado como para prescindir de ellos y aquellos caballos no eran más que percherones. Pero ya no importa mucho. Escuché un fuerte chasquido, como si el barco se estuviera partiendo por la mitad y algo debió golpearme porque ya no sentí nada más.
Y la vida que conocía desapareció cuando recuperé el sentido en la arena. Era el 2 de agosto de 1730. Estaba encadenada y rodeada por los negros que mi esposo había comprado diez días atrás. Asustada, dolorida, desconcertada.
-¿Qué ha pasado? –me pregunté, pero nadie allí hablaba mi lengua. Busqué a John con la mirada, más no lo hallé. Sólo los restos de una ballena a unos cuantos metros, también lo que quedaba de la balandra, la Estrella del Rey, y algunos tripulantes flotando boca abajo sin hacer ademán de levantarse cuando las olas los golpeaban con violencia. Sin tiempo para caer en la cuenta de la delicada situación en la que estaba sólo pude pensar que le daría un bofetón a mi marido por haberme metido en aquel embrollo. No pensé que hubiera muerto. Que todos estuvieran muertos y que, en realidad, yo era la única superviviente. Yo, y la carga que ahora me esclavizaba. Me pregunté si no sería mejor que los piratas nos hubieran capturado.
Ni siquiera sabía dónde estaba. Bueno, sí. En algún lugar de África austral donde no había de pasarme nada bueno.
TO BE CONTINUED

jueves, 15 de enero de 2015

Fallo en Matrix

Hoy he vuelto a pasar por delante de la puerta del Alimerka en la que se apuesta un sudamericano para pedir limosna.
He visto frente a esa puerta gente pidiendo para el viaje de vuelta a su país, gente bien vestida que se tapa la cara para pedir, alguna que otra mujer. Pero desde hace varias semanas, quizá meses, no lo recuerdo bien, está ahí este chaval.
Cada día que paso por allí me dice: Buenos días, señor, y me clava una daga con su educación.
Al principio se sentaba en el suelo, el suelo frio de León en el que se ha pasado todas las Navidades pidiendo por las mañanas. Hace unos días observé que ahora ya se llevaba una banqueta. Incluso hoy ya directamente estaba en la puerta de salida del supermercado, resguardado en la esquina de la entrada de los tres grados bajo cero que marcaba mi móvil cuando salí.
Últimamente me pregunto, si le doy dinero durante cuanto tiempo podría hacerlo, o si a todo el barrio le está sucediendo como a mí, que a veces me dan ganas de decirle, ven, te invito a un te caliente, por ejemplo, aunque el problema es que mañana va a seguir allí y me miraría esperando que en cualquier momento lo vuelva a hacer. Sin embargo me inspira compasión y ha despertado en mi la necesidad de escribir algo más comprometido con la humanidad. Es duro ver a alguien pidiendo, pero ver a la misma persona dia tras dia y saber que no es un colgaillo que te pide una libra pa liarse un canuto, y no hacer nada... Personalmente me trastoca, me hace pensar y me aliena. Quizá por eso será el protagonista de algún relato que aún se está dibujando en mi mente... Quizá la publique en internet y vaya con él a pachas con los cuatro duros que saque, ejem, no lo veo. Lo más realista sería sacarle una foto de cuando en cuando y pagarle por posar para mi. Al menos así los dos tendríamos algo que sacar de este fallo en matrix. Mañana seguiré al conejo...

jueves, 5 de junio de 2014

LA MEZQUINDAD DE LOS DIOSES



Hubo un tiempo en que los dioses paseaban entre nosotros y como nosotros tenían defectos, muy feos por cierto, por lo que Odiseo llegaría a plantarles cara, molesto de que se inmiscuyeran en los asuntos de los hombres, interviniendo en su favor o en su contra según sus intereses ladinos. Pero volvamos atrás y recordemos cómo fue el principio de aquel tinglado.
Todo comenzó con una de aquellas grandes fiestas que los dioses celebraban en el Olimpo, una boda entre una diosa y un humano, Tetis y Peleo. Y como en todas las bodas, la lista de invitados no incluía algunas divinidades consideradas lesivas por su carácter maléfico.
Cuando la maléfica diosa de la discordia, Eris, familiar del mismo Zeus, supo que le habían dado la espalda, se presentó muy enojada al evento dispuesta a tirarlo todo por tierra. Primero maldijo el fruto del matrimonio, que moriría en la guerra y, después, ofreció como trofeo una manzana dorada a la diosa que fuera más bella.
Esto llevó a la riña a tres de las invitadas, las tres gracias, que se disputaban el galardón: Hera, Afrodita y Atenea. Como Zeus no estaba dispuesto a mediar en esta disputa, pues eran su mujer y dos de sus hijas, decidió poner por juez a un joven mortal que, según decían, era el más bello humano, el hijo menor del rey de Troya, Paris.
Las tres diosas trataron de sobornarle: Hera le ofreció poder, Atenea destreza en el manejo de las armas y Afrodita el amor de la más hermosa mujer de la tierra, la bella Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. El joven no pudo resistirse a sus encantos y cayó enamorado de la mujer, por lo que eligió a la diosa del amor como la más hermosa, ganándose la enemistad de las otras diosas.
Paris raptó a Helena, que había caído rendida a los hechizos amorosos de Afrodita, y seguro que también a alguno de los encantos del troyano. Claro, Menelao estaba muy enfadado, y con el apoyo de las vengativas diosas Hera y Atenea, reunió a las tropas griegas para que conquistara Troya y recuperara lo que era suyo. Y así empezó la larga guerra que Eris había augurado.
Tetis, mientras tanto, había tenido un hijo que recibió por nombre Aquiles y, para evitar que muriera en la guerra que llegaría tarde o temprano, le metió en la laguna Estigia, cuyas aguas producían la inmortalidad. Sin embargo, para meter al bebé en el agua sin que se escurriera le cogió por el talón, y sólo aquella pequeña parte de su cuerpo quedó sin el baño inmortal, el talón de Aquiles, que sería a la postre su perdición.
Aquiles murió, como Héctor, domador de caballos, y Menelao, también Agamenón y muchos otros. Quedó Odiseo vivo y harto, enfadado con los dioses por haberles manejado a su antojo, alejándoles de su hogar donde residía su felicidad. Como castigo, encima, fue condenado a vagar de isla en isla sin poder regresar durante décadas, como si fuera un español cualquiera que al encender la televisión viera día tras día lo que hacen con su vida los políticos. Porque esto, efectivamente, es una historia de manipulaciones e intrigas, más que de seres virtuosos con poderes legítimos. Porque al final, la mitología griega sigue siendo una explicación válida para el mundo que vivimos.

domingo, 4 de mayo de 2014

OHIO

Hoy, 4 de mayo, es el aniversario de la masacre de la Universidad Estatal de Kent, en Ohio.
El 30 de abril el presidente Nixon había anunciado la entrada de sus tropas en Camboya, extendiendo así la guerra de Vietnam al país vecino.
Anteriormente, en 1969 la indignación popular había crecido después de que las imágenes de matanza de My Lai dieran la vuelta al mundo, y como causa última de la preocupación creciente de los estudiantes, se había producido el primer sorteo para el reclutamiento en las tropas desde la Segunda Guerra Mundial.
Nixon, que había prometido terminar con la guerra en 1968, para salir elegido presidente, lejos de cumplir su palabra alargaba el conflicto con sus decisiones.
Así estallaron las revueltas estudiantiles a lo largo de todo el país en respuesta a la gestión de la administración de Nixon.
En la Universidad de Kent las manifestaciones empezaron el día 1. 
Después de que el alcalde declarase el estado de emergencia entró en escena la Guardia Nacional. 
Por la noche del día 2, al entrar en vigor el toque de queda empezaron los enfrentamientos al no retirarse los estudiantes. Se produjeron detenciones, se usó gas lacrimógeno y un estudiante fue herido por una bayoneta.
El día 3 había mil efectivos de la Guardia Nacional. Con la indignación de los sucesos de la noche anterior, los estudiantes se enfrentaron a los militares hiriendo a diez, a cambio de que algunos estudiantes recibieran heridas por bayoneta.
La manifestación del día 4, que había sido desconvocada por los representantes universitarios, concentró a más de dos mil estudiantes.
Un agente de policía se acercó en un jeep a los estudiantes para advertirles de que serían detenidos si continuaban. Fue recibido a pedradas. Uno de los acompañantes del policía en el automóvil fue herido y se alejaron.
A medio día volvió la Guardia Nacional y lanzó el gas lacrimógeno. Los estudiantes los devolvieron obligando a la guardia a ponerse las mascarillas. Viendo que los manifestantes no iban a retirarse, 77 hombres de la Guardia Nacional avanzaron con sus armas con las bayonetas caladas apuntando a los manifestantes.
Hubo cuatro muertos:
Allison Krause, Jeffrey Glen Miller, Sandra Lee Scheuer y William Knox Schroeder.
Cinco días después cien mil personas se manifestaron en Washington. En la Universidad de Nueva York una gran pancarta rezaba: no podrán matarnos a todos.
Las imágenes de estas muertes dieron la vuelta al mundo y la presión contra Nixon para que terminara con el conflicto aumentó.
Quisiera rendir este pequeño homenaje a aquellos estudiantes, recordándolos y poniendo esta canción que se compuso en su honor: Ohio, de Crosby, Stills, Nash & Young
https://www.youtube.com/watch?v=hkg-bzTHeAk

miércoles, 26 de febrero de 2014

El Glorioso

Don Pedro Mesía de la Cerda era un infante cuando sobrevivió al desastre de Passaro.
Quién lo iba a decir, que aquel Guardamarina que sobrevivió a la carnicería del San Felipe, el Real, descrita en El Monje de Hierro, se convertiría en Teniente General de la Real Armada y Virrey de Nueva Granada años después. 
Todo un héroe de nuestra patria que, sin embargo, ha caído en el olvido del común, ya que hoy en día parece ser que es malo sentirse español y cantar las gestas de grandes hombres que bajo nuestra bandera sangraron, y por ello se prefiere mirar a otro lado antes que reconocer que, en realidad, este país está lleno de héroes y que los necesitamos hoy más que nunca, aunque sean anónimos.

Corría 1747, durante la Guerra de Asiento, también llamada de la Oreja de Jenkins, cuando se le ordenó a Don Pedro, quien por entonces ya era Capitán de Navío, regresar a España desde América a bordo de El Glorioso, transportando cuatro millones de pesos de plata. Al principio el viaje fue tranquilo, pero no habría de serlo siempre, pues los ingleses conocían la existencia de este tesoro y no estaban dispuestos a permitir que España se nutriera de él regenerando las arcas del Rey Católico.
El 25 de julio el Glorioso encontró en su carrera hacia España la presencia de diez buques ingleses entre los que había tres de guerra: el Warwick de 60 cañones y la fragata Lark, de 40, además de un bergantín de 20.
Comenzó la persecución. El navío español, de 70 cañones se mantuvo a barlovento para proteger la carga mientras que el bergantín, más rápido, se acercaba y lanzaba su primera andana contra la popa a eso de las 9 de la noche.
Sabiendo que era un riesgo hacer frente a los tres buques don Pedro decidió transportar cuatro cañones de gran potencia a la popa y de este modo impidió que el bergantín se acercara demasiado ante los disparos amenazadores del navío español.
Un intercambio de golpes poco certeros se produjo durante toda la noche entre los dos navíos, pero la cosa se complicó a partir de la mañana siguiente, cuando los otros dos se unieron a la fiesta y el bergantín se alejó para proteger a los siete mercantes que estaban escoltando los buques de guerra.
A medio día llovió y el glorioso quedó sin viento a favor, de modo que se volvió hacia estribor para presentar batalla. El Lark sufrió duros cañonazos que le dejaron muy dañado el casco y el aparejo.
Entonces viró en redondo el navío español para disparar al Warwik, que ya le estaba tomando la distancia para disparar. Hacia las 2 de la noche comenzó el combate. Tras hora y media de andanadas el navío inglés quedó sin el palo mayor, viendose obligado a la retirada.
El navío español había sufrido 5 bajas y 44 heridos, algunos daños en el aparejo y en el casco, y de la Cerda sabía que podría haber vencido al navío inglés de perseguirle, pero temiendo la presencia de más navíos ingleses en la zona decidió continuar pensando en el bien del cargamento y de sus hombres.
Algunos daños fueron reparados de camino a España, otros necesitaban ser reparados en un puerto y aún le quedaba un buen trecho para llegar a Galicia.
El 14 de agosto se topó con tres navíos ingleses: el Oxford, de 50 cañones, la fragata Shoreham y el bergantín Falcon, de la escuadra de John Byng, a quien de la Cerda recordaba de Passaro.
Después de tres horas puso en fuga a los ingleses. Perdió el bauprés y a 9 hombres más, pero consiguió llegar a Corcubión dos días después dejando el cargamento a salvo. 
Después de los arreglos más imprescindibles De la Cerda salió para El Ferrol, pero los vientos contrarios le obligaron a poner rumbo a Cádiz tratando de alejarse de Portugal para no encontrarse con los navíos ingleses que patruyaban aquellas aguas.
El 17 de octubre se encontró con cuatro fragatas corsarias en las proximidades del Cabo San Vicente. El buque español los mantuvo a raya causándoles fuertes daños. Un quinto navío se unió a la fiesta, el Darmouth, de 50 cañones, y de nuevo se inició un duro combate que sólo terminó cuando la santabárbara inglesa saltó por los aires por los cañonazos españoles, muriendo en la deflagración el capitán y 325 hombres. Tan sólo 11 marineros y un teniente sobrevivieron al naufragio. 
La fragata King George también quedó inutilizada y las otras tres fragatas continuaron persiguiendo al navío español, que seguía su rumbo hacia Cádiz, pero al día siguiente la Russell de 80 cañones, también se unió al combate y entre los cuatro navíos acribillaron al Glorioso, que aguantó toda la noche, infringiendo daños a los ingleses, hasta que al amanecer del día 19, ya sin munición, desarbolado, a medio hundirse y con 33 muertos y 120 heridos, Pedro Mesia de la Cerda rindió la nave viendo imposible la defensa.
Fueron llevados a Lisboa donde el Glorioso fue inspeccionado para unirlo a la Armada Inglesa, pero tantos daños tenía que tuvieron que desguazarlo. Los españoles apresados fueron a Londres, donde fueron tratados con honor y admiración, mientras que muchos de los capitanes ingleses fueron expulsados de la Armada acusados de incompetentes.
A su vuelta a España De la Cerda fue ascendido y los marineros españoles recibieron el merecido reconocimiento.
Y ahora, decidme. Después de todo ésto ¿Realmente os parece heroico lo de la película Master and Commander? 
Bien merece una película el Glorioso, historia pura de nuestra Armada, un navío de héroes que nadie debería olvidar. Un recuerdo para ellos, nuestros héroes.

miércoles, 22 de enero de 2014

El Mariscal que se fue de España

"Las memorias son comúnmente tan tediosas al principio, por el recital de genealogías, accidentes insignificantes acaecidos durante la infancia, y relaciones minuciosas (apenas en condiciones de ser contadas al más intimo amigo), que no sólo resultan desinstructivas para el lector, sino también repugnantes para aquellos que desean emplear su tiempo de forma útil. Deberé, por lo tanto, empezar por la muerte de la Reina Ana, momento en el cual era joven, 17 años de edad, y era capaz de juzgar un poco el estado del Reino de Escocia y las inclinaciones de sus gentes..."
James Keith: A Fragment of a Memoir of Field-Marshal James Keith, written by Himself, 1714-1734; edited by Thomas Constable for the Spalding Club. Edinburgh, 1843

Así comienzan las memorias de uno de los mayores cerebros militares del siglo XVIII, el Mariscal de Campo al servicio de Prusia James Edward Francis Keith y, a título personal, considero que este comienzo debería ser grabado a fuego en la frente de todo aquel que sigue la oferta televisiva del orden de Gran Hermano, Corazón Corazón, Sálvame y demás bazofia rosa o basura mediática en general, que ha sido creada para moldear el carácter conformista de sus televidentes mediante un velo de entretenimiento.

James Keith es uno de los personajes secundarios de mi libro, El Monje de Hierro, aunque en varios capítulos se convierte en personaje principal al igual que su hermano, George Keith, el Conde Marischal.
Como tantos otros en Escocia era presbiteriano, pero supo dejar la religión a un lado y se comportó como un gran patriota, declarándose ferviente jacobita, razón por la que fue perseguido por los diferentes gobiernos del recién creado Reino Unido (La unión de Inglaterra y Escocia se aprobó en 1707 pese a la amplia mayoría de población escocesa, contraria a la pérdida de su independencia).
Pero hoy no me voy a detener en los acontecimientos que se relatan en mi libro para no desvelar sorpresas que podrían sonar más a novelescas que a históricas y que cuento tal cual las vivieron sus protagonistas y, que diablos, al fin y al cabo, El Monje de Hierro es una novela, histórica, pero novela.
Voy a ir más allá, al momento posterior, cuando arribó a España por segunda vez después de mil y una peripecias.
Después de su llegada a Madrid en julio de 1720 se presentaron los hermanos Keith ante el Ministro de la Guerra, Miguel Duran, para pedir que se hiciera efectiva la patente que les había sido concedida por los servicios prestados a la Corona de España durante el Levantamiento de 1719. Desgraciadamente las patentes las habían destruido ellos mismos cuando fueron detenidos en Sedan, para que no les incriminaran y les condujeran directos a la horca acusados de alta traición al Rey Jorge I de Inglaterra.
El depuesto Ministro Alberoni había mantenido estas comisiones en secreto ya que la operación era encubierta y cuando huyó del país por la puerta de atrás debió quemarlas con una gran cantidad de documentos que le hubieran podido llevar a la muerte y no al destierro. Por la ausencia de pruebas de estas comisiones no les fueron concedidas a los hermanos Keith aunque tenían derecho a ellas.
Al fin, después de meses en los que tuvieron que vivir de la caridad de algunos amigos, le fue concedido el grado de Coronel a James Keith, pero sin un puesto en regimiento alguno y el joven militar tuvo que sobrevivir como pudo, astiado y confundido, hasta que el Almirante George Cammock, al servicio del Rey Felipe, le acogió en su casa.
En 1721 el MInistro de la Guerra, Miguel Durán, fue encontrado culpable de malversar los fondos destinados a la campaña para defender Ceuta de los ataques moros de 1720, algo no muy diferente a lo que hoy en día sucede, y es que en España las cosas no han mejorado en tres siglos, perros diferentes con el mismo collar...
De este modo, James trató de sondear al nuevo Ministro, el Marqués de Castellar, y la situación no fue mejor con él.
Al final decidió marcharse de España en 1722 ante la falta de oportunidades cuando comprendió que siendo protestante nunca tendría un puesto de responsabilidad en las tropas del Rey Católico, y es aquí a donde quería llegar, porque esa triste realidad de un gran militar sigue repitiéndose una y otra vez en este país de pandereta. Un hombre apto, lleno de ganas y conocimientos, en España se pudo echar a perder, igual que se pierden tantas personas aptas porque no son primos de alguien, o no son pelotas, porque estaban paseando por el pasillo equivocado, o simplemente porque alguien de RRHH elijió su nombre al azar. 
Así es que grandes profesionales se pierden mientras otros muchos que son mediocres se agarran a sus sillas y agachan las cabezas para quedarse, madrecita, como están, porque no dan para más o, en el caso de que sí puedan darlo, sepan que no van a tener una oportunidad para mejorar. Y eso sucede en la política, donde el nivel es bajo tirando a muy deficiente (El conocimiento del inglés debería estar entre los requisitos obligatorios para ocupar un puesto de responsabilidad en la administración, entre otras muchas cosas), tanto como en empresas, grandes o pequeñas: no importa que seas apto o no, sólo importa que estés en la media, que seas mediocre, que seas como todos, porque si destacas le caerás mal a alguien que te intentará pisar y seguramente lo conseguirá.
Qué les puedo decir que no sepan. James Keith volvió una vez más a España cuando se intentaba recuperar Gibraltar en 1726, pero ya no quiso volver a servir a España cansado de que le ningunearan. Entró al servicio de Rusia primero y de Prusia después, y fue allí donde se convirtió en Gobernador de Berlín y en Mariscal de Campo siendo aún hoy recordado en Alemania por sus grandes dotes militares. 
James Keith murió en el campo de batalla de Hochkirch, durante la Guerra de los Siete años.
Un gran hombre que se merecía de mi este pequeño homenaje. Pudo haber sido un gran general español, pero por motivos ajenos a sus aptitudes terminó en Prusia. Una lástima, como cada día que se enciende el telediario en este santo país, donde nunca cambia nada.


File:Generalfeldmarschall Keith (Pesne).jpg
James Edward Francis Keith, 1696-1758

domingo, 22 de diciembre de 2013

Esclavistas del siglo XXI

Ayer fui al cine a ver 12 años de esclavitud y me sentía obligado a escribir unas letras.
Sobre la película, decir que es brutalmente buena, descarnada, cruda, desgraciadamente real, un trabajo magnífico.
Huelga decir que estoy en contra de todo tipo de esclavitud y la película me ha parecido una magnífica oportunidad para dar una vuelta de tuerca más para erradicar esta lacra de la historia humana.

Si nos vamos a la RAE lo primero que encontramos es: estado de esclavo, y más abajo, sujeción excesiva por la cual se ve sometida una persona a otra, o a un trabajo u obligación.
Se entiende por lo tanto que la esclavitud se produce solamente entre humanos y a mí me parece discutible.
Considero que la esclavitud es mucho más amplia y que se debería definir como la privación de la libertad de una forma de vida por parte de otra ¿Os imaginais que vinieran unos extraterrestres y nos llevaran a su planeta para darles leche, carne o compañía? ¿Os sentiríais libres o esclavos? 
Sinceramente, soy el primero que se come un buen chuletón cuando surge la ocasión, pero hay que ser consciente de que un trozo de carne fue parte de un ser que tuvo vida y muchas veces no olvidamos: hemos perdido el respeto por la naturaleza que hace miles de años teníamos, cosas de la industria. Hoy por hoy es algo necesario, pero creo que algunas fronteras deberían ser trazadas porque la moral nos lo exige.

Hace unos días tuve ocasión de leer un par de artículos, cuyos enlaces os copio a continuación, sobre algunas personas, por llamarlas de alguna forma, que se dedican al contrabando de perros, una especie animal que rara vez es un alimento para el ser humano (Quizá en Asia o África, pero no en la vieja Europa). 

http://www.alimentacioncanina.com/noticias/mas-de-120-cachorros-interceptados-por-el-seprona-buscan-acogida/
http://www.alimentacioncanina.com/noticias/venta-de-perros-de-raza-por-internet-y-en-tiendas/

Éstos piratas modernos hacen pasar a perros de Europa del Este por perros españoles y no han pasado los mismos controles sanitarios, suelen tener enfermedades (la rabia no está erradicada, por ejemplo) y se mueren muy frecuentemente a los pocos meses de ser comprados por sus amos. Es todo un negocio, ya que un perro que podría costar 1000 euros lo venden a mitad de precio. Un precio bastante alto aún, si tenemos en cuenta que el intermediario los adquiere a no más de 100 euros.
Estos perros se adquieren por internet o en la mayoría de las tiendas de animales y hasta importantes asociaciones españolas (la ACCE) están involucradas para hacer negocio con la esclavitud de estos perros... No me lo invento, lo dicen los artículos y es una investigación de la Guardia Civil.

Estos perros los compra gente que muchas veces tampoco sabe cómo cuidarlos, porque, si no saben educar a sus hijos ¿Cómo va a educar a un perro? Así que al cabo de un tiempo los abandonan, los maltratan, o ambas cosas. Y es que muchos no son conscientes de comprar una vida, un miembro más de la familia. No son conscientes de que esta vida tiene necesidades, requiere cuidados, no te permite realizar muchas actividades que normalmente harías si no tuvieras hijos o perros, pero ya no voy a entrar en la falta de educación o humanidad de quien compra una vida para abandonarla después.
Otras personas que si se preocupan por ellos viven un calvario por haber comprado un perro enfermo, sin saber el calvario por el que han pasado los animales para enriquecer a un grupo bastante grande de sinvergüenzas...

Lo que me gustaría es que, al menos las personas que lean mi opinión, tomen conciencia de que un perro merece ser tratado como un miembro más de la casa y no como una mascota de la que deshacerse cuando resulta inconveniente. De este modo, señores, señoras, dejen de comprar perros en tiendas o internet. Sean responsables y piensenlo bien, no contribuyan a la esclavitud de estos pequeños.

Ninguna persona merece ser esclava de otra... Los perros tampoco. Son nuestros mejores amigos en el mundo animal...  Diría que los únicos.