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jueves, 13 de febrero de 2014

La noche del Llanto

13 de febrero de 1692, las cinco en punto de la mañana. Los MacDonald duermen en sus camas cuando sus invitados las dos últimas semanas empiezan a aporrear sus puertas.
Confusos por el sueño se levantan y entreabren la puerta para saber a qué se debía aquel estruendo. Se desata el terror.
Era el tercer aniversario de la coronación de Guillermo de Orange como rey de Inglaterra la fecha elegida por las tropas inglesas y algunos miembros del clan Campbell para ejecutar sin piedad a todo hombre menor de setenta años del clan MacDonald, fecha que nos pone sobre la pista de las motivaciones de los asesinos.

Durante dos semana habían convivido con los MacDonald en espera de la orden y no tuvieron miramientos con nadie. La Masacre fue despiadada: niños muertos, mujeres brutalmente torturadas... Una de las mayores vergüenzas de la corona inglesa que todavía hoy recuerda toda Escocia como Noche del Llanto. Nacesitaban cabezas de turco y ellos eran perfectos. Católicos, tradicionalmente jacobitas, fiermaron juramento al rey fuera de plazo, la excusa perfecta.

Cuando todo parecía haber terminado, quemaron las casas, impidiendo que las mujeres y las niñas pudieran guarecerse del intenso frío glaciar que caía sobre el valle de Glencoe. Se estima más de veinte bajo cero.
El frío y la nieve hicieron lo que el ejército dejó en elipse y a los 40 muertos durante las primeras horas se sumaron otras 38 víctimas por congelación.

Aún hubiera sido peor si en vez de utilizar armas de fuego que alertaron a muchos antes de que la suerte fatal les alcanzara, hubieran utilizado el sigilo del frío acero.
Así salvaron el cuello los hijos del Señor de Glencoe, Alastair (Alexander) y el mayor, su heredero, Iain (John) que con el tiempo se convirtió en el señor de Glencoe número 13, extraña coincidencia con el día.

Pero el valle nunca más tuvo la vida de antaño hasta que ha sido llevado al cine por infinidad de películas entre las que destacan Highlander (Los Inmortales), Braveheart, Skyfall o la Legión del águila.
Aún hoy se hiela la sangre en un día de lluvia, mientras los truenos suenan como voces del más allá pidiendo aún justicia, pues nadie fue condenado por aquellos hechos.

La Noche del Llanto está descrita en la introducción de mi primera Novela, el Monje de Hierro, y os confieso que describiendo aquellas brutalidades, lloré.

Descansen en paz




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