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lunes, 30 de diciembre de 2013

LA HERENCIA. 6º PARTE: punto de inflexión

En anteriores episodios de La Herencia:
[...] la abuela estaba dibujando una extraña sonrisa y les seguía para asegurarse de que lo encontraban.
-Siempre desee consumar mi venganza, pero no imaginaba que tendría que esperar a después de muerta para lograrlo.
Cuando estuve con Segismundo le estafé todo lo que pude [...]

Sólo, desamparado, estupefacto ante la actitud de la abuela Antimia, a la que yo siempre había querido a pesar de su mal carácter y que, en realidad, no era más que otro chorizo de tantos que habitaron en algún momento España, pasé días sin saber que hacer, de un lado a otro, mirando la luz cegadora junto a la farola que huele a pis de perro sin atreverme a acercarme.
Fue entonces cuando me encontré de nuevo con la abuela, que me dijo:
-Gracias por tu ayuda, lo conseguí. Les he destrozado la vida y ahora me voy al cielo, que seguro que sólo saben lo de que les proporcioné la herencia. No es culpa mía que la herencia fuera de deudas...
-Claro, yaya, no es culpa tuya -respondí con sarcasmo y continué -ni es culpa tuya que yo no esté donde debería que es en el cielo por haberte aguantado todo este tiempo para que luego sigas engañando hasta después de muerta, y es que ya me ha quedado claro: el que hace el mal por envidia nunca dejará de hacerlo, sea terrorista, ladrón, adultero o lo que sea, porque al final, yaya, no eres más que una reprimida.
-Te daría un bofetón -me dijo -si tuviera manos para dártelo, pero como no tengo tiempo que perder contigo me voy a la luz. Si quieres vienes, y si no, ahí te quedas.
Y cruzó al otro lado. La vi perderse en la luz con la esperanza de que en el cielo hubiera algo de justicia y la echaran a patadas celestiales, pero no regresó. Cuando me cansé de estar allí seguí caminando, confuso y decidí consultar de nuevo al Oráculo. 
Le conté todo lo sucedido y cuando concluí diciendo que había cruzado a la luz dijo:
-¿Que fue hacia la luz?
-Si, Oráculo, sí, y si la admiten allí a ella, no sé si quiero estar. Además, no estoy en paz. Debo ayudar a esa gente.
-Yo no me preocuparía por tu abuela, ha ido directa al infierno.
-¿Cómo? Sí yo la vi cruzar hacia la luz.
-Pues claro, yo no sé porqué todo el mundo piensa que el cielo es una luz. No, hombre, no ¿Tú has visto alguna luz cegadora que sea buena? Si recuerdas cuando vivías, si mirabas al sol te quemabas los ojos, si veías una luz saliendo de un túnel era un tren que te podía atropellar, en fin, que el infierno es igual. Quiero decir, que es de fuego, y tanto fuego da mucha luz, así que habrán recibido a tu abuela con los brazos abiertos y por eso no salió. 
-¡Qué desconcertante!
-Para nada -dijo con seguridad y continuó desvelando secretos: -verás, en realidad el infierno es muy necesario, porque como en las nubes del cielo se está fresco y no hay mucha luz por cierto, necesitan del infierno para calentar el ambiente frío y húmedo, así que los pecadores se pasan la eternidad cargando paladas de carbón infernal, que viene a ser como el de la montaña asturleonesa pero con un toque interdimensional... Luci, uy, Lucí, es durilla, pero tiene buen fondo. Lucia Fernanda, como todo el mundo conoce aquí a Lucifer es intima de la Virgen María, que es quien maneja las riendas de todo porque administra la casa de Dios. Eso sí, es bien majetona la Mari... Pero me estoy desviando. Tú olvidate de tu abuela y gánate un puesto en las nubes, que estar en el infierno es muy sacrificado, o eso dicen, vamos, yo no lo sé porque me dejaron aquí a purgar el peyote y demás drogas raras que tomé, por eso soy Oráculo en sustitución de Edgar Allan Poe, que se pasó con la absenta, pero ahora ya se fue al cielo. En fin, tú busca la forma de ayudar a esa gente y, si lo consigues, olvidate de la luz, tú tira para arriba, como manda la tradición, hacia el cielo, todo oscuro para ahí para allá -dijo señalando a unas nubes de tormenta sin mirar para ellas -y ya te las verás con Pedrín.
-¿San Pedro?
-No, Pedrín, el perro de Hitler, que tuvo que aguantar muchas cosas y le hicieron un hueco. Ahora está de portero y le hemos dado unas vacaciones a San Pedro para que vea algo del cielo también, que estaba cansado de hacer guardias...
Y así fue como el Oráculo me convenció de que fuera a ayudar a Segismundo y familia, aunque todavía no tenía claro cómo lo haría. No obstante, me lancé a la nueva misión, cargado de esperanzas.
CONTINUARÁ



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