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martes, 10 de diciembre de 2013

LA HERENCIA 5ª PARTE: la sorpresa

En anteriores episodios de La Herencia:
[...] No puedo alejarme de este mundo sin arreglar el tema de la herencia [...]
[...] nuestro objetivo era llamar su atención sin que supiera que eramos fantasmas en una misión.
-¡Ahhh! ¡Maldición! [...] ahora voy a hacerlo a las bravas.
-¿Estás segura?
-Sí, ha llegado la hora. Tenemos que aparecernos... 
-¡Uh! ¡Segismundo, despiertate! [...]
-¡Esperad, no os vayáis, que tenemos algo que deciros, no corráis!
-Oráculo ¿Qué podemos hacer?
-¡Moved una hoja de papel, un bolígrafo, un sobre y unos sellos y escribidle una carta [...]
Después de escribir la carta con mis poderes telequinésicos, me acerqué a un buzón y la eché para que los de correos hicieran el resto.
Desgraciadamente para nuestros intereses la carta tenía un código postal erróneo porque lo habían cambiado y fue devuelta, a ninguna parte, por supuesto.
-Pero que tonto eres -me dijo la abuela cuando se enteró: -era más fácil haberla puesto en el buzón de Segismundo directamente y, vas tú, y la echas a correos ¿A dónde la van a devolver ahora ? ¿Acaso pusiste en la dirección del remitente: calle del más allá o de las almas en pena? ¡Ay, ay, ay! ¡Que tenga que haberme tocado estar haciendo ésto con semejante mocoso ¡El daño que ha hecho la ESO!
-¡Ay, yaya Antima! ¡Dejalo ya! Si querías hacerlo de otra manera haber escrito tú la carta- le dije cansado de sus recriminaciones constantes.
-Eso es lo que haré -respondió ella: -escribiré otra, y esta vez me aseguraré que la lean. Como me llamo Antimia que irán a buscar mi testamento y las escrituras al árbol dichoso -y se puso manos a la obra.
Terminada la carta se dirigió a la casa de la familia de Segismundo y la colocó en el buzón de modo que al abrirlo la vieran.
Así fue, aunque tardaron una semana en abrir el buzón, que estaba lleno de publicidad del Carrefour, Mercadona y demás, pero lo importante es que la carta acabó en las manos del hijo de Segismundo, José, que le dijo a Marta, su mujer:
-Mira lo que pone aquí, Marta: dice que Antimia de Barrio Bajo dejó unas escrituras a nombre de mi padre debajo de un árbol en el que estuvieron hace muchas décadas y que su testamento nos sacará de nuestros problemas.
-¡Venga ya! -dijo ella mientras cogía la carta para leerla y decía: -¿Qué clase de broma es esta?
-No lo sé -respondió él, -pero tal como estamos, no perdemos nada si echamos un vistazo, no vaya a ser verdad y dejemos escapar una buena oportunidad de salir de la crisis.
-De acuerdo, vayamos a mirar.
Y ambos se fueron en busca del árbol con la ayuda de su padre, quien, pese al alzeimer, quizá podría recordar aquel lugar.
Fue entonces cuando caí en la cuenta de que la abuela estaba dibujando una extraña sonrisa y les seguía para asegurarse de que lo encontraban.
Cuando después de un par de horas encontraron el árbol y observaron que había un hueco tapado con una piedra, por el que se podía ver con una linterna una caja metálica, supieron que la carta era cierta.
Encontrado el cofre me dispuse a caminar hacia la luz y le dije a mi abuela:
-Por fin, ahora podremos irnos al cielo y seguro que seremos recibidos como héroes después de nuestra buena acción -dije lleno de orgullo, pero lo que sucedió a continuación bien pudiera haberme helado la sangre si hubiera tenido.
-No me iré hasta que no vea la cara que ponen.
-¿Qué? ¿De qué hablas?
-Siempre desee consumar mi venganza, pero no imaginaba que tendría que esperar a después de muerta para lograrlo.
¿Cómo? ¿De qué venganza hablas? Dime la verdad. No fastidies que me he quedado meses sin ir al cielo para ayudarte a hacer daño a esta gente que no tiene donde caerse muerta... Bueno, yo tampoco, pero ellos aún viven.
-Sí, sí, sí, te he engañado, como a todos ¿Y qué? Soy mala, siempre he sido mala, y entraré en el cielo porque soy más lista que Calixta, ya verás. Cuando estuve con Segismundo le estafé todo lo que pude, pero me denunció y consiguió que fuera a la cárcel durante varios años. Así que cuando salí siempre pensé en vengarme. La crisis hizo que toda la riqueza que amasé quedara hueca, pues todas las casas que ha heredado su familia tienen impagos, así que sólo heredaran una enorme deuda con el banco y las casas se las acabará quedando el banco. Perderán todo y tendrán que vivir como indigentes ¡Con Antimia de Barrio Bajo no se juega!
-Pero, abu, no puedes hacer eso ¡Eres mi abu, tienes que ser buena!
-Sé tu bueno y olvidame. Que yo tengo que verles sufrir un poco más y después me iré.
Después de eso, nos separamos, y yo quedé tan apenado que no quise acercarme a la luz por vergüenza de haber contribuido a aquella maldad digna del banquero más despreciable...
CONTINUARÁ

2 comentarios:

  1. Si es que a las abuelas hay que tenerles mucho respeto porque se las saben todas! Pero no te vayas hombre, que la luz va a estar ahí siempre (un poco más cara cada año, pero estará) tú tienes que seguir con la abuela por si se le ocurre otra travesura.

    Besos.

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