Visitas

sábado, 7 de diciembre de 2013

LA HERENCIA 4ª PARTE: haciendo acto de presencia

En anteriores episodios de La Herencia:
[...] No puedo alejarme de este mundo sin arreglar el tema de la herencia [...]
 -Hace, muchas décadas, [...] conocí a un hombre con el que tuve una relación sentimental.
[...] me dio gran parte de su riqueza con la condición de que se la devolviera [...] pero no lo hice [...]
[...] nuestro objetivo era llamar su atención sin que supiera que eramos fantasmas en una misión.
-¡Ahhh! ¡Maldición! [...] ahora voy a hacerlo a las bravas.
-¿Estás segura?
-Sí, ha llegado la hora. Tenemos que aparecernos...  

Las doce de la noche del día A, A de apariciones fantasmales en la casa de Segismundo.
Era el momento clave. La abuela había estado ensayando unos días para aparecerse correctamente, ya que al no ser corpórea corría el peligro de parecer una simple nube y, a saber lo que hubieran pensado, quizá hubieran llamado a Paco Maldonado para quejarse de la predicción del tiempo.
El caso es que, como yo era desconocido para Segismundo, decidimos que con un aparecido sería suficiente, así que la abuela se preparó a conciencia y una vez que su aparición podía ser reconocida como ella misma por los rasgos que tenía en vida, esperó a las doce y se fue a la habitación de Segismundo, que ya llevaba acostado desde las once.
-¡Uh! -Gimió la abuela para despertarle.
Sin embargo, aquel hombre era de los que una vez dormidos no hay forma humana de que despierten y como los gemidos los atribuía al vecino siguió roncando.
-¡Uh! ¡Segismundo, despiertate! -Insistió una y otra vez la abuela.
Desgraciadamente, el viejo sólo se dio la vuelta y siguió durmiendo, así que la abuela decidió utilizar la artillería pesada y se apareció durante la hora del telediario del día siguiente, cuando toda la familia estaba reunida en el almuerzo.
Segismundo, que fue el primero en verla, la miró fijamente, sorprendido, y finalmente dijo:
-¡Campanilla!
-Ya está tu padre otra vez con el alzeimer -dijo la mujer de José, el hijo del viejo, y concluyó: -Segismundo, acuerdese que no está en Nunca Jamás.
Sin embargo, el nieto miró hacia la abuela y la señaló, pegando un alarido que más me estremeció a mí que a sus padres. A continuación toda la familia salió despavorida del piso dejandonos allí mientras gritábamos:
-¡Esperad, no os vayáis, que tenemos algo que deciros, no corráis!
Viendo que nada de lo que intentábamos funcionaba, decidimos visitar al Oráculo, conocido en vida como Jim Morrison, que debido a la cantidad de drogas que consumía seguía colocado después de muerto y gozaba de una gran clarividencia.
-Señor Morrison, lo hemos intentado todo -le dijo la abuela mientras él repetía:
-Intentado todo.
-Lo del grifo, la aparición... - y Morrison volvía a repetir la terminación:
-Aparición...
-Oráculo ¿Qué podemos hacer?
-¿Hacer? -y al fin dijo cuando ya pensábamos que era inútil: -¿Hicisteis el curso de telequinesia?
-Sí, claro, era necesario para mover cosas -le dije yo.
-Mover cosas -repitió él.
La abu y yo nos miramos sin comprender las palabras enigmáticas de Morrison.
-¡Córcholis! -dijo al fin después de un rato de silencio: -¡Moved una hoja de papel, un bolígrafo, un sobre y unos sellos y escribidle una carta contando lo que queráis! ¡Tanto mover muebles e inundar casas y a nadie se le ocurre lo más sencillo...
Y así fue como encontramos la forma de que los hijos de Segismundo pudieran saber dónde estaban las escrituras de los pisos. Segismundo estaba ya muy anciano para disfrutar de las riquezas y el alzeimer no le dejaría recordar, pero al menos sus familiares directos podrían tener una buena vida.
Todo parecía indicar que pronto caminaríamos hacia la luz...
CONTINUARÁ

3 comentarios:

  1. Ay dios!! Voy retrasadísima en los capítulos, pero no los retires que en cuanto pueda me vengo para acá con un café y me siento tranquila a leerlos de una tirada, que no quiero perdérmelos.
    Feliz Navidad :)


    ResponderEliminar
  2. Cuanto me reí!! No sé si será muy serio dada la gravedad de la situación, pero es que me parto… yo cuando me muera quiero ser fantasma.
    Pues mira que es fácil comunicarse con los vivos, con una simple carta y tiene razón el Morrison todo el mundo mueve muebles y de todo menos un boli…
    Bueno no me entretengo mas, voy a ver que mas pasa. :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Eso pensamos Jim Morrison y yo. Tanto Poltergeist y meter miedo con las niñas... Dejemos a los niños crecer sin sobresaltos y si son capaces de mover unos juguetes digo yo que podrán rellenar unas hojas y hasta presentar un recurso administrativo... Ay, ay, ay, cómo está el patio...

      Eliminar