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domingo, 1 de diciembre de 2013

LA HERENCIA 3ª PARTE: el difícil arte de contactar con los vivos

En anteriores episodios de La Herencia:
 -Oye abu, mira que nubes más bonitas todas moradas [...]
[...] nos estaban enterrando a los dos [...]
[...] No puedo alejarme de este mundo sin arreglar el tema de la herencia [...]
[...] nos apuntamos a clases particulares de telequinesia.
 -Hace, muchas décadas, [...] conocí a un hombre con el que tuve una relación sentimental.
[...] me dio gran parte de su riqueza con la condición de que se la devolviera [...] pero no lo hice [...]

Después de lograr aprobar por los pelos el curso de iniciación a la telequinesia, con la sensación de ser los amos del universo interdimensional, nos fuimos a casa de nuestro hombre, Segismundo, para intentar llamar su atención y conseguir que recibiera la herencia de la abuela, haciendo así justicia.
No podíamos asustarle demasiado para que no saliera corriendo, o le diera un ataque al corazón, pues en el curso aprendimos, que en España en vez de llamar a un médium se tiende a vender la casa y dejarle el marrón al que la compra, de modo que nuestro objetivo era llamar su atención sin que supiera que eramos fantasmas en una misión.
Segismundo vivía con su hijo y su nieto, así que, afortunadamente, había donuts en su casa para poder mover, algo que hacíamos con soltura después de tantas clases. Nos pusimos manos a la obra; escribimos con el pringue la  frase "debajo del árbol en el que nos conocimos está tu tesoro", pero la madre de Carlitos, el nieto de Segismundo, pensó que era una gracieta suya y le arreó una buena zotaina antes de limpiarlo todo, así que tuvimos que pensar en otra cosa.
Nuestra siguiente idea fue doblar los tenedores y cucharas para llamar la atención y, creo que ha sido la idea más estúpida que tuvimos, porque el culo de Carlitos acabó rojo como un tomate y se fueron a cenar fuera antes de comprar otra cubertería.
Visto que nos iba a resultar muy complicado avisarles decidimos empezar a radicalizar nuestros métodos: en clases particulares aprendimos a dar aullidos y empezamos todas las noches a partir de la medianoche a darlos, cuando el niño ya dormía, para que no le culparan a él. En lugar de eso, culparon al vecino, que resultó que era esquizofrénico y se pasaba las noches aullando, así que, después de varias noches así, probamos con el clásico método de abrir los grifos de agua caliente para escribir en los cristales.
-Abuela, si esto no funciona -le decía yo, -vamos a tener que empezar a hacer volar las cosas delante de ellos como en las películas.
-Calla, calla y sigue escribiendo a ver si estos pardillos se levantan de una vez, que a este ritmo les inundamos la casa y se mueren ahogados.
Y es que tanto tiempo estuvimos con el agua abierta, que el baño quedó anegado y salió por debajo de la puerta hasta el resto de las habitaciones. Llegó un momento que decidimos cerrar los grifos porque creíamos que los íbamos a matar, pero al fin, el hijo de Segismundo se despertó y viendo tanto vapor y agua, corrió al baño, pero miró a todos los sitios menos al espejo y lo único que os puedo decir que no sean expresiones irreproducibles fue:
-Me va a escuchar el fontanero.
-¡Ahhh! ¡Maldición! No puede ser -es imposible que no mire al espejo ¿Por qué no mira al espejo?
-Abuela, es que le hemos inundado la casa entera, el espejo no le importaba mucho.
-Ya me cansé, ahora voy a hacerlo a las bravas.
-No abuela, no, puedes matarles de un susto.
-Sí voy a hacerlo
-¿Estás segura?
-Sí, ha llegado la hora. Tenemos que aparecernos...
CONTINUARÁ
 



2 comentarios:

  1. Jajajaja. O el curso era muy malo o vosotros unos desastres, yo recuerdo que en Ghos le resulto más sencillo al protagonista… creo que deberías hacer otro o al pobre Carlitos quedara marcado para toda su vida.

    Besos.

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    1. No te dejes engañar: en Ghost lo consiguieron por "la magia del cine"... jeje

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