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domingo, 24 de noviembre de 2013

LA HERENCIA 2ª PARTE: el negocio oculto de la abuela

En anteriores episodios de La Herencia:
[...] llegué a ser un gran ayudante de geriatría.
[...] un buen día me tocó cuidar a mi propia abuela [...]
-Oye abu, mira que nubes más bonitas todas moradas, tiene pinta de que igual llueve un poco.
[...] todo se volvió blanco y [...] nos estaban enterrando a los dos [...]
 -¡Serás frente chopo! [...] No puedo alejarme de este mundo sin arreglar el tema de la herencia. Ahora tendré que vagar hasta que se arregle y tu no podrás irte tampoco porque por tu culpa he dejado cosas sin hacer.

Los días pasaban, al igual que las noches, pero como somos fantasmas y nunca dormimos estábamos perdiendo la noción del tiempo y del espacio. Prueba de ello es que antes tardaba un santiamén en levantar un brazo para mirar la hora y ahora me es imposible encontrarme los brazos porque no tengo, soy una lucecilla invisible, y si intento coger un reloj de pulsera, lo atravieso... 
Para llevar a cabo los planes de la abuela nos apuntamos a clases particulares de telequinesia, porque necesitamos mover cosas para llamar la atención y algunos otros muertos que llevan tiempo entre los mundos ayudan con sus conocimientos a los novatos. Tres años de muerto llevábamos en clases, es decir, unos seis meses en el computo de los vivos, y habíamos conseguido mover un donuts diez centímetros en media hora, pero aún no asustabamos a nadie, porque era tan despacio que todo el mundo creía que era el viento o la gravedad.
Tan lentos íbamos en los avances que no aguanté más y en en un derroche de valor le dije a la abuela:
-No puedo más. Me vas a tener qué contar porqué estamos aprendiendo a hacer estas cosas en vez de ir hacia la luz, que tengo ganas yo de ir a ver cosas mejores...
-Ay, Evaristo -me dijo, pues ese es mi nombre-, majo, tú me mataste y tú me vas a ayudar, pero ya que quieres saberlo te contaré la razón de nuestro esfuerzo sobrenatural...- y comenzó a contar una historia que me abriría los ojos de par en par si los tuviera.
-Hace, muchas décadas, antes de que tú nacieras, antes incluso de que tus padres nacieran y de que yo estuviera con el abuelo, a finales de los años cuarenta, cuando yo tenía veinte años, conocí a un hombre con el que tuve una relación sentimental.
-¿Erais amigos?
-Sí, bueno, como la chica que te gustaba a tí cuando se veía con el expresidiario a solas; esto, bueno, sigo. El caso es que este hombre era rico y mi familia pobre, pero él no podía casarse conmigo, porque su familia le habría desheredado. Yo le ofrecí realizar un negocio inmobiliario y para ayudarme, me dio gran parte de su riqueza con la condición de que se la devolviera cuando el negocio estuviera funcionando, pero no lo hice, y el dinero quedó escondido debajo de un árbol, debido a que me persiguieron y tuve que cambiarme de nombre para que no me robaran sus propios familiares con los que no tenía relación. Así pues, ese dinero permaneció oculto mientras este buen hombre quedó en la pobreza por ayudarme y nunca se lo he podido devolver. Pasado un tiempo lo invertí de nuevo en el mercado inmobiliario y ahora es el momento de que recoja el fruto de este trabajo el viejo Segismundo. Es el momento de darle las escrituras de sus posesiones. Así que céntrate en levantar cosas con la mente que pronto tendremos que conseguir que llamen a un médium en casa de Segismundo para que podamos decirle donde encontrar su riqueza...
-Está bien, abu, pero podías haber hecho un testamento como todo el mundo...
Y ella se hizo la loca respondiendo:
-Claro, y también podía haber votado al PP o al PSOE para que nos siguieran mangoneando...
Y en esas seguimos, entrenándonos para la gran batalla con los vivos, para que descubran que les queremos decir donde hay unas escrituras enterradas para enriquecer a quien todo lo perdió por amor.
CONTINUARÁ

2 comentarios:

  1. Pues que se va a poner contento Segismundo… más bien se va a llevar una sorpresa, esperemos que al menos se acuerde de esa amistad que le arruinó.
    A seguir con las clases que yo creo que mover unos donuts es todo un merito, que con lo pegajosos que son tiene tela que se muevan aunque sea despacio, tranquilos que los vivos verán esos surcos de azúcar tan característicos de los donuts y ya llaman al médium mas que rápido…

    Besos.

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